Pekude 5774.

Doce piedras: rubí, topacio, amatista, turquesa, zafiro, diamante, ópalo, ágata, aguamarina, berilo, ónice y jaspe.

Doce tribus: Reuben, Simon, Gad, Yehuda, Ysacar, Zebulon, Efraim, Menashe, Biniamin, Dan, Naftali y Asher.

El “חוֹשֶׁן” o “חוֹשֶׁן הַמִּשְׁפָּט” era portado por el Kohen haGadol durante su servicio en el Beit haMikdash. El “חוֹשֶׁן הַמִּשְׁפָּט” era portado por el Kohen haGadol sobre el “אפוד”, todo se encontraba perfectamente ordenado y colocado en su lugar. Se encontraba conformado por un tejido de hilos de gran valor y sobre dicho cuadrado de tejido se encontraban las doce piedras, también de gran valor, y sobre estas grabados los nombres de las doce tribus de Israel.

Hemos recorrido a lo largo de las pasadas semanas el proceso de preparación, diseño y construcción del Mishkan y ha llegado el momento de recapitular justo antes de dar el toque final a la obra que nos marcamos como objetivo y comenzar una nueva etapa.

Me gustaría reseñar que el “חוֹשֶׁן” debería ser portado por Aharon (y en el futuro por el Cohen haGadol de cada época) cerca de su corazón, que en las épocas clásicas simbolizaba el lugar pensamiento y no del sentimiento, manteniendo en su mente de esta forma a las tribus del pueblo de Israel cuando se acercaba a ofrecer su servicio.

Y llegamos al fin a la consagración del Mishkan, Moshe supervisa los últimos arreglos y tareas, da las últimas instrucciones y al fin la obra es concluida. Imaginemos por un instante esta escena: el Mishkan con sus cortinas, columnas y elementos, el arca con las tablas del pacto, el velo que cubría el arca, el incienso ofrendado, etc… y con la colocación de la última cortina una nube se posa sobre el “אוהל מועד” y “כבוד ה’” llena el Mishkan.

No concluye nuestra Parasha sin recordarnos que la nube se alzaba y entonces el pueblo de Israel marchaba, sabiendo que esta era la señal para partir.

Nos invita a reflexionar este hecho en la evidencia de que a pesar de que la tarea ha sido aparentemente concluida, esto no significa que ya no quede más que hacer, sino que hay un nuevo comienzo y que este punto no es más que la continuación hacia un objetivo. Todos sabemos que una vez comprada la casa debemos amueblarla, así mismo debemos acomodar en ella a los miembros de la familia y tenemos que seguir trabajando para la cohesión familiar y para sostener el grupo.

Marcarnos pequeñas metas en esta carrera de resistencia que es la vida en nuestro tiempo puede ayudarnos a ir superando cada “estación” para alcanzar o acercarnos a nuestro “objetivo final”.   Así mismo podemos asumir un voluntariado como una aportación puntual a la sociedad pero también como el motor imprescindible para el cambio social. Es por todo ello que al “terminar” una tarea, o alcanzar un objetivo concreto, tenemos que ponernos en marcha de nuevo para alcanzar nuestra siguiente meta: sin olvidar lo conseguido, sin olvidar lo que nos queda por alcanzar.

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