Shabat de Jol haMoed Sukot 5772.

שבת חול המועד סכות תשע”ב

Cuarenta días han transcurrido desde el primer día de Elul hasta el recientemente pasado Iom Kippur. Esos son los mismos días que, tal y como afirma la tradición, Moshé permaneció rogando que fuese perdonado el pueblo de Israel por la construcción y adoración del ídolo, recibiendo las nuevas tablas al transcurrir dicho periodo. Entre otros asuntos, este es uno de los que se abordan en la sección que se lee en el Shabat que transcurre en Jol haMoed de Sukot (Shemot 33:12-34:25).

Resulta evidente que con esta pincelada se nos recuerda que la redención, la posibilidad de retornar y arrepentirse son una realidad, pero además también podemos concluir que dichos actos poseen un tiempo y que no debemos prolongarlo más de lo necesario. Precisamente, reafirmando esta idea, cinco días más tarde de Iom Kipur comienza una fiesta en la que hacemos especial gala de nuestra alegría, se trata de Sukot. Durante el transcurso de la misma nos es prescrito residir en la Suká, de tal forma que se llegue a “convertir a la casa en vivienda transitoria y a la suká en residencia permanente, como está escrito: En las cabañas habitaréis siete días –Devarim 22:42-“ (Rambam, Mishne Torah, Hiljut Suká 6:5). Invertimos de esta forma el orden habitual de nuestra forma de residir y habitar, introduciéndonos en una estructura temporal que nos recuerda a las tiendas de aquellas personas que salieron de la tierra de Mitzraim, donde eran esclavos y extrangeros, hacia la tierra de su libertad.

La idea de lo temporal se acentúa durante los días de Sukot, haciéndonos más conscientes de que también nuestro paso por el mundo es finito. Uno de los requisitos que nuestra tradición estableció, es que debemos introducir en la Suká elementos que la hagan más cómoda, que nos permitan tener una estancia agradable en la misma. Si aplicamos esta máxima, exigida para la Suká, en nuestras propias existencias nos daremos cuenta de que resulta imprescindible que vivamos plenamente nuestras vidas, dedicando el tiempo estrictamente necesario a la reparación de nuestros errores y continuando la construcción de un mundo mejor para todas las personas.

Otro de los símbolos fundamentales que representan Sukot son las cuatro especies (ארבעת המינים). Conocidas son las explicaciones de qué representan cada una de ellas, o de cómo se simbolizan a través del precepto del Lulav la diversidad y la convivencia. Sin embargo yo quisiera detenerme por un instante en uno de los componentes de esta Mitzva, concretamente en el etrog (אתרג). Las cuatro consonantes que componen esta palabra en hebreo esconden un número igual de conceptos básicos por los que en nuestras tefilot pedimos continuamente. Se trata de la confianza/fe (אמונה), el retorno (תשובה), la salud (רפואה) y la redención (גאולה), rogamos para que todas ellas nos lleguen de forma plena o absoluta.

Sin embargo estamos, a todas luces, muy alejados de que aquellas cosas que pedimos y deseamos lleguen a ser una realidad. Es evidente que la responsabilidad no recae en nosotros al cien por cien, pero sin embargo sabemos que tenemos una parte y que es nuestra obligación luchar por hacer las cosas lo mejor posible. En este sentido podemos retroceder algunos días y reflexionar sobre un hecho, que aun no estando del todo esclarecido, es grave y debe preocuparnos. Recientemente, precisamente después de Iom Kipur, fuimos conscientes de la profanación de varias tumbas en los cementerios árabe y cristiano de Yafo. De ninguna forma podemos permitir que nadie realice acciones de este tipo, que indudablemente pueden encender la chispa del odio que inflame una ya delicada situación de convivencia. El retorno completo (תשובה שלמה) no podrá darse si hechos como este se repiten, ni tampoco seremos testigos de la redención completa (גאולה שלמה) mientras alguien sea capaz de realizar actos que vulneren los derechos y las libertades de otras personas.

Nuestras vidas son pasajeras, esta misma idea nos la recordaba Moshé al llamar en su canción a los cielos y la tierra como testigos. Todo lo que forma parte de nuestras existencias es importante y por ello debemos comprometernos, implicarnos y también, por supuesto, deleitarnos en nuestras experiencias.

 

Eliyahu Peretz del Campo

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