Parashat Nitzavim – Vayelej (Devarim 29:9 – 31:30).

פרשת נצבים – וילך          דברים כט, ט –לא, ל

 Shabat Nitzavim-Vayelej, 5771

Tal vez todos hemos escuchado en alguna ocasión el sipur tradicional en el que se habla sobre la guerra entre las diferentes extremidades y porciones del cuerpo.

La boca, las piernas, las manos, las orejas, los ojos, etc. competían y se cuestionaban cuál era la parte más importante del cuerpo de las personas. Cada uno de los segmentos tenía buenas razones para auto percibirse como fundamental e insustituible: sin piernas no es posible caminar, sin brazos no podemos sujetar objetos, sin los ojos no podemos ver o sin orejas escuchar. Sin embargo la boca venció al demostrar a todos que podía provocar gran daño a todas las demás partes del cuerpo sin gran esfuerzo, así lo hizo al hablar y, tras ofender a otras personas, conseguir algunos golpes para el resto de los miembros del cuerpo, que comenzaron a quejarse y suplicarle que se callase para frenar la ira de quienes les golpeaban.

Cuando leemos la Parashá de esta semana, Parashat Nitzavim/Vayelej, podemos llegar a sentirnos tentados a implicar en esta lucha también a la cabeza, como conjunto que representa el cerebro, el pensamiento, la memoria, etc. ¿Por qué precisamente esta porción nos provoca introducir a la cabeza en la discusión de las partes del cuerpo? La respuesta es simple, se debe a que nuestra porción de estudio comienza diciendo:

“Todos vosotros estáis hoy aquí presentes ante Adonai, vuestro Dios, los líderes –cabezas- de vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros oficiales de justicia con todos los hombres de Israel, vuestros pequeños, vuestras mujeres y los extranjeros que habitan en tu campamento, desde el talador de árboles hasta el aguatero” (Devarim 29:9-10).

אַתֶּם נִצָּבִים הַיּוֹם כֻּלְּכֶם, לִפְנֵי יְהוָה אֱלֹהֵיכֶם:  רָאשֵׁיכֶם שִׁבְטֵיכֶם, זִקְנֵיכֶם וְשֹׁטְרֵיכֶם, כֹּל, אִישׁ יִשְׂרָאֵל.  טַפְּכֶם נְשֵׁיכֶם–וְגֵרְךָ, אֲשֶׁר בְּקֶרֶב מַחֲנֶיךָ:  מֵחֹטֵב עֵצֶיךָ, עַד שֹׁאֵב מֵימֶיךָ.          דברים כט, ט-י

La expresión empleada para hablar sobre los jefes de las tribus es: “רָאשֵׁיכֶם שִׁבְטֵיכֶם” que comparte la raíz con la palabra “רָאשׁ”, cuyo significado es cabeza. Rashi nos explica que: “רָאשֵׁיכֶם שִׁבְטֵיכֶם” significa: “רָאשֵׁיכֶם לֹשִׁבְטֵיכֶם”, que contiene la partícula “לֹ” (para/hacia) siendo entonces el significado: “Cabezas-líderes- para vuestras tribus”. La partícula “para”, implica que el grado de responsabilidad de los líderes, o jefes de tribu, es absoluto en lo concerniente a cualquier hecho que acontezca y se encuentre relacionado con su pueblo, así mismo Rashi hace hincapié en que las piezas de esta complicada red, que conforma el pueblo, aparecen mencionadas por orden de importancia en nuestra Parashá y, así mismo, los niveles de responsabilidad. En primer lugar tenemos a los dirigentes, después los consejeros, posteriormente los ejecutores de las sentencias y finalmente el pueblo en su conjunto.

Imaginemos por un instante que la cabeza, comprendiendo como tal el pensamiento y la memoria, se involucrase en la “guerra del cuerpo” que nos cuenta nuestro querido y significativo sipur, supongamos que decide ordenarle a los ojos que se cierren, o no prestar atención a lo que se escucha, o que manda callarse a la boca, o que hace caer en estado de relajación a los músculos que movilizan las extremidades, provocando que todo el cuerpo se derrumbe. Entonces la ganadora sería la cabeza, pues sin su “gestión” el cuerpo se convertiría en un caos. La cabeza tiene una gran responsabilidad, centraliza toda la información, la procesa y debe coordinar la respuesta de todo el cuerpo, contando con la cooperación de cada una de sus partes.

La cabeza es una parte del cuerpo, igual que los líderes y gobernantes son parte de su pueblo. Cuando el cuerpo sufre un golpe, también la cabeza sufre. Si los ojos se cierran, o no se presta atención a las señales de nuestro entorno, o si los músculos se relajan y el cuerpo se desploma, la cabeza también corre el riesgo de ser dañada, por lo que nunca puede dejar de ser consciente, observar, escuchar, planificar y potenciar la ejecución de las acciones que sean necesarias para mantener todo el cuerpo en las mejores condiciones y libre de cualquier daño.

Entre el día de Rosh HaShaná, que tendrá lugar esta próxima semana, y hasta después de Iom Kipur, en la Tefilat Amidá, así como en el resto, se producen algunos cambios. Entre ellos encontramos que en aquellos lugares de la Amidá en los que decimos: “הָאֵל הַקָּדושׁ” (el Dios santo), durante estos días diremos: “הַמֶּלֶךְ הַקָּדושׁ” (el Rey santo), manifestando el que pudiéramos denominar cambio de soberanía y nuestro sometimiento al juicio que se celebra en el día de Rosh HaShaná. Estamos inmersos en días de reflexión, de retorno al camino correcto, de corrección de nuestras acciones,… Nos encontramos frente a la gran oportunidad de comenzar una nueva etapa con energía renovada y habiendo superado nuestros errores del pasado. Todas las partes que integran el cuerpo, desde la cabeza a los pies, tienen la gran suerte de rectificar y comenzar desde cero, así mismo también todos los componentes del pueblo, desde los ciudadanos hasta los gobernantes.

Eliyahu Peretz del Campo

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