Parashát Matot (Bemidbar 30:2 – 32:42).

פרשת מטות         במדיבר ל:ב -לב:מב

5771

Continúa nuestro relato del viaje hacia el lugar al que el pueblo se encamina y en esta ocasión, como en tantas otras, la Parashá nos ofrece no solamente datos relativos a los hechos, sino también detalles sobre los códigos y decretos por los que hemos de regirnos. En primer lugar nos encontramos con el asunto de los votos/promesas (Bemidbar 30:2-17), posteriormente se nos relata sobre la venganza contra los Midianitas, se nos ofrecen detalles sobre la purificación tras la guerra, sobre el reparto del botín obtenido en aquella ocasión y concluimos nuestra lectura con la petición de las tribus de Reuben y Gad de asentarse en la parte oriental del río, en vez de cruzarlo con el resto del pueblo.

A grandes rasgos podemos diferenciar de esta forma tres momentos o tres asuntos, así que tratemos de desgranar poco a poco algunos de sus contenidos y su relación.

No profundizaremos demasiado en la cuestión de las promesas/votos (נְדָרים) ya que su análisis conllevaría horas y merece nuestra dedicación en exclusiva, especialmente si tenemos en cuenta la importancia de contextualizar el contenido de esta sección. Sin embargo sí resulta interesante repasar las dos mitzvot que según las fuentes tradicionales, en este caso el Sefer haJinuj, se encuentran contenidas en nuestra porción de la Torah. Por una parte tenemos los aspectos relativos a la cancelación de una promesa y por otra la obligación de actuar de acuerdo a nuestras palabras y compromisos.

La venganza contra los Midianitas abarca una porción importante de nuestro texto. Pero antes de comenzar con este relato, en una ocasión más, nos encontramos con el recordatorio destinado a Moshe de que pronto llegará su momento final (Bemidbar 31:2) y, acto seguido, comienza el alistamiento y preparación del ejército. De cada una de las tribus se alistan mil varones, de todas sin excepción, hasta sumar doce mil. Por si no resulta suficientemente claro que no existieron distinciones entre unas y otras tribus, se nos recuerda que también Pinjas, el hijo de Eleazar el Cohen haGadol, se incorporó a las filas del ejército (Bemidbar 31:6) demostrándonos que los privilegios de clase, etc. no tenían validez y que todos debían aportar su esfuerzo por igual, pues  todos tenemos la misma responsabilidad y obligaciones para con nuestro pueblo y en ocasiones es imprescindible recordarlo.

Una vez concluida la guerra, antes de proceder al reparto del botín, Eleazar recuerda las leyes de la purificación (Bemidbar 31:19-20). Resulta evidente que nuestra Torah nos recuerda el valor incalculable de la vida humana, la importancia de valorar la existencia de todas las personas y que nuestra prioridad ha de ser la preservación de la misma. En cuanto a los objetos tomados como botín, resultado de la guerra, también se procede a la purificación de los mismos y al reparto, en el que se incluye a las personas que sobrevivieron al ataque. Evidentemente estos hechos, el reparto de un botín en el que además se incluyen seres humanos, por fortuna pertenecen a un contexto que nos es ajeno, lejano y extraño.

Las tribus de Reuben y Gad, tal y como se explica en el texto, tenían grandes rebaños y solicitan a Moshe y al resto de la dirección del pueblo poder permanecer en la zona oriental del Jordan, desarrollar allí sus vidas y asentarse en aquellos territorios(Bemidbar 32:1-5). Una complicada decisión se presenta ante los responsables del pueblo, un nuevo momento crítico que puede suponer una complicación ante la próxima incursión en la tierra de Israel, la llegada al ansiado objetivo perseguido durante cuarenta largos años de nomadismo por el desierto, atravesando las tierras de otros pueblos que no quisieron ayudar y recibir al pueblo de Israel. Peligra la unidad del pueblo y Moshe, junto con el resto de los líderes, ha de tomar una decisión.

La petición de las dos tribus es el resultado no solo de una necesidad, sino también de la expresión de la libertad de acción de una sección del pueblo. Moshe recuerda, a los solicitantes, las responsabilidades en favor de la seguridad, la necesidad de permanecer unidos y de llegar al objetivo común, insiste en este asunto pues es de vital importancia para la supervivencia del colectivo. Los dirigentes de ambas tribus convienen con Moshé que el objetivo común del pueblo es de vital importancia y que ellos se han de comprometer y apoyar en su consecución. Por otra parte Moshe, consciente de que todas las personas poseen libertad de acción y expresión, respeta el libre albedrío y la decisión de esta parte del pueblo, sin tratar de imponer su criterio o decisión, sin censurar.

Podemos descubrir en los miembros del pueblo, a lo largo de la evolución del relato, un cierto agotamiento con respecto al hecho de ser un pueblo sin tierra, nómada en tierras ajenas. La petición de estas dos tribus es un buen reflejo de este momento. Recordamos en estos días los hechos previos a la destrucción del segundo Templo, cuya principal consecuencia sería el comienzo de la diáspora que nos mantuvo dos mil años lejos de nuestro hogar, que nos devolvió a la realidad del pueblo nómada y sin tierra. Pero hoy nuestro derecho como pueblo y como nación se ha cristalizado, estamos en nuestra tierra y debemos comprometernos con el mantenimiento de los derechos de libre pensamiento, expresión y acción.

La esperanza de un futuro siempre se encontrará ligada al compromiso de los miembros de nuestro pueblo con el objetivo común. Rashi nos explica que los miembros de las tribus de Reuben y Gad rápidamente se comprometieron a alistarte y luchar, encabezando las “legiones” y mostrando el heroísmo que les caracterizaba (Bemidbar 32:17), comprometieron su palabra a pesar de tener una pensamiento/objetivo distinto. De ninguna forma podemos olvidar las raíces que vinculan a toda persona (אדם) con su tierra (אדמה), ni tampoco el derecho a la libre expresión y acción consagrado en nuestra tradición, Moshe no lo hizo y de esta forma consiguió sumar los esfuerzos de dos de las tribus que podrían no haberse sentido concernidas en la próxima aventura. Nuestro líder, el que ha de ser modelo de nuestros líderes, no solamente tenía claro cuál era el objetivo colectivo del pueblo, sino que también tenía presente, en esta y otras ocasiones, que no podía limitar la libertad de ninguno de sus integrantes.

Eliyahu Peretz del Campo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: