Parashát Mase (Bemidbar 33:1 – 36:13).

פרשת מסעי                במדיבר לג: א -לו: יג

 5771

Nuestra Parashá de la semana comienza en esta ocasión con el repaso de todos los campamentos, en total cuarenta y dos, que el pueblo de Israel levantó en su larga travesía por el desierto (Bemidbar 33:1-49). Nuevamente la idea recurrente de eliminar la idolatría en la tierra de Israel se hace presente, para un momento después recordar que el reparto de la tierra será proporcional al tamaño de las tribus (Bemidbar 33:54). Tras recordar todo esto pasamos a leer una porción de gran importancia, Bemidbar 34, en la que se definen las fronteras del que habrá de ser el territorio del pueblo de Israel, acorde a sus necesidades ni demasiado grande ni demasiado pequeño, la cantidad justa de terreno para poder vivir y desarrollarse como pueblo. La Parashá continúa con requerimiento de cuántas ciudades deberán ser cedidas a los leviim (cuarenta y ocho en total) y con los detalles relativos a las ciudades refugio, que en esta ocasión no abordaremos. Finaliza nuestra porción semanal con la nueva reivindicación de los derechos de las hijas de Tzelofjad  y de esta forma concluye nuestro cuarto libro de la Torah.

Resulta llamativo que un pueblo que salió de la esclavitud, que vagó durante cuarenta largos años por el desierto y que finalmente está a punto de llegar a su objetivo, sea expuesto precisamente en este momento a un repaso de las que habrían de ser paradas que ya habían superado, anunciándoseles además que tendrán que luchar contra una realidad existente en aquel lugar (la de los ídolos, estatuas, etc.).

El propio nombre de la Parashá nos ofrece una pista interesante sobre el contenido de la historia pasada. La palabra “מסע” implica no solamente movimiento, sino que también tiene que ver con un viaje largo y posiblemente cargado de aventuras y, porque no, dificultades. El viaje y peripecias del pueblo esclavo que salió de Mitzraim, que superó muchos momentos difíciles y que habría de transformarse en un pueblo de personas libres, contando en todo momento con la guía de un líder modélico que no se aferró a las comodidades y facilidades que le habrían acompañado de haber continuado viviendo en su lugar de origen. Pero el viaje “exterior” no fue más que un reflejo de la transformación que el pueblo y los individuos que integraban el mismo fueron experimentando. Cada una de esas paradas, cada uno de esos campamentos no provocaban que el pueblo se mantuviese en un estado estático o inmóvil, sino que servían para conseguir que la dinámica del mismo se fuese asentando y para que las variaciones en su seno se fuesen asimilando.

Con facilidad podremos estar de acuerdo en el hecho de que todo pueblo evoluciona, y que dicho desarrollo es la respuesta no solamente al entorno en el que se encuentran, sino que también sirve como herramienta preparatoria con la que adaptarse al tiempo en el que serán alcanzados los objetivos de dicho ente colectivo. El pueblo habla no solamente a través de las fórmulas de elección directa, sino también con su dinámica interna, con sus expresiones artísticas y ciudadanas y con cada una de sus reacciones y “movimientos”.

En las pasadas semanas hemos visto personas salir a vivir de nuevo en las “tiendas”, aquellos artilugios en los que las personas que vagaban en el desierto hacían sus vidas de manera transitoria, enfatizando el carácter volátil de dicha situación. Es muy posible que nos encontremos en un momento en que de  nuevo el pueblo necesite realizar una parada, redefinir sus objetivos y crear nuevas herramientas para alcanzar la ansiada justicia social.

Una vez más, a lo largo del texto de la Torah, encontramos presente y patente la idea de que cada persona deberá aportar a la sociedad en la medida de lo que pueda tributar y que deberá recibir en función de sus necesidades reales (Bemidbar 33:54). Tal vez este principio debería aplicarse a la población mayor, quienes levantaron con su esfuerzo un país y permitieron que hoy estemos aquí, o a las personas más vulnerables, quienes no poseen herramientas que las protejan del mercado y también a quienes “no tienen papeles” pasando a ser invisibles y estar desprotegidos, convirtiéndose en seres humanos “ilegales” (si es que este término se le puede aplicar a un ser humano).

Es cierto que esta nueva parada, en nuestro viaje colectivo, ha de servir para pensar y reflexionar sobre muchas cosas, pero también habrá de servirnos para que recapacitemos sobre si desde posiciones de privilegio, cuando existen enormes bolsas de pobreza en grupos sociales muy concretos, es posible reclamar privilegios mayores para uno mismo olvidándonos de los demás. Es por ello que nuestra Parashá concluye hablando sobre los derechos de una pequeña minoría desprotegida, recordándonos que en ningún momento debemos dejar de lado que la justicia que ha de imperar en todos los niveles de nuestra sociedad.

Esta recapitulación es un repaso y un recordatorio. Recordamos de dónde salimos, cuáles fueron las penurias y los momentos duros del camino, cuáles fueron nuestras reclamaciones/peticiones, qué objetivos alcanzamos y también tenemos la oportunidad irrepetible de preparar la continuación del viaje, de pensar en lo que estamos buscando, pero sin dejar de pensar en ningún momento en las necesidades de ninguno de los miembros del pueblo: es una cuestión de justicia.

 

Eliyahu Peretz del Campo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: