Parashat Ki Tetze (Devarim 21:10 – 26:19).

פרשת כי תצא          דברים כא,י –כה,יט

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Nuestra Parashá, en esta ocasión, contiene el número más alto de mitzvot de todas las porciones de la Torah. Según el Sefer HaJinuj, un total de setenta y cuatro a lo largo de nuestro texto, de las cuales veintisiete son preceptos positivos y cuarenta y siete son preceptos negativos. Con un número tan elevado de mitzvot resulta sencillo intuir que abordan una gran variedad de asuntos, tales como el desamor en una pareja, la caída en desgracia de una persona, la prohibición de la prostitución sagrada (tanto femenina como masculina), la lucha contra la explotación y los abusos, etc. Todas y cada una de estas órdenes, de las que la mayoría poseen contenido social, ejercen una gran influencia sobre los comportamientos de las personas y, además, influyen en la conformación de la cultura de nuestro pueblo. Hasta tal punto dichas enseñanzas habrían de influir en nosotros que Rambam, en su libro Mishné Torah, afirma que “Si uno es cruel e inmisericorde se debe sospechar de su linaje, pues la crueldad no se encuentra sino entre los paganos” (Sefer Zeraim, Matnot Aniim, 2).

Uno de los primeros asuntos que aborda nuestra Parashá es lo que habrá de suceder cuando una madre y un padre se encuentren, no pudiendo corregirlo, ante un descendiente que no se comporta apropiadamente. Acto seguido, encontramos los principios a aplicar a quien sea condenado a la pena capital, Rashi establece un vínculo directo entre ambos asuntos e incluye que la educación es importante, e incluso podríamos decir fundamental, para evitar que alguien llegue a violar los derechos de las otras personas.

Continúa nuestra Parashá exponiendo la importancia de devolver a su dueño un animal extraviado. Inclusive, para evitar que tratemos de evadir dicha responsabilidad, insiste y reafirma: “no te harás el desentendido” (Devarim 22:1). Somos todos responsables el uno por el otro, no podemos disimular y desconectarnos de lo que sucede, sino que debemos implicarnos en la búsqueda de la justicia. Ya sea cuando se discrimina a los niños de origen Etíope al segregarlos en áreas o colegios,  o bien cuando es quemado un lugar de culto de otra religión, o cuando escuchamos comentarios crueles contra otros grupos humanos, o cuando asistimos a la indiferencia de la clase gobernante ante las reclamaciones laborales o sociales legítimas de una fracción de nuestro pueblo, no podemos obviar estos asuntos, pues son reales y son nuestra responsabilidad.

“No cambiarás las leyes del extranjero o del huérfano, ni tomarás como prenda la vestidura de la viuda” (Devarim 24:17), dice nuestra Torah, y Rashi manifiesta que así deberá ser incluso cuando nos pueda perjudicar económicamente, entonces también habremos de proteger sus derechos. Y, añade el relato de la Torah, “te acordarás que fuiste siervo en mitzraim” (Devarim 24:18), una vez más recordamos de dónde vinimos. Fuimos, somos y seremos el pueblo que salió de mitzraim y tenemos prohibido olvidar lo que padecimos como esclavos, desprotegidos y débiles. Nuestra Parashá reafirma esta idea de recordar en su conclusión, no podemos olvidar el cruel acoso de Amalek y que, cuando entremos en nuestra tierra y seamos un pueblo libre, deberemos “borrar la memoria misma de Amalek debajo del cielo” (Devarim 26:19). Solo disponemos de un camino para borrar dicha “memoria”, protegiendo a los más vulnerables, a los que hoy son cruelmente acosados por quienes pretenden abusar de su indefensión.

Tres elementos cobran gran protagonismo en el mes de Elul: teshuvá, tefilá y tzedaká. La tzedaká es la herramienta para proteger a los más indefensos de nuestra sociedad. Este concepto bien entendido abarca la entrega de recursos, no solo económicos, a quienes lo necesitan, resultando de todo ello la consecución de un nivel más elevado de justica social. Maimónides describía ocho niveles de tzedaká, el más elevado consistía en otorgar herramientas para que las personas puedan llegar a ser autosuficientes, precisamente lo que ha de lograr cualquier sociedad empleando e invirtiendo todos los recursos a su alcance para proteger al “pequeño” de los abusos que pueda llegar a sufrir.

Eliyahu Peretz del Campo

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