Parashát Kedoshim (Vayikra 19:1– 20:27).

פרשת קדשים             ויקרא יט:א- כ:כז

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En el segundo pasuk de nuestra Parashá de la semana podemos leer: “Y seréis santos, pues Yo soy Santo” (Vayikrá 19:2). Acto seguido, a lo largo de toda nuestra sección se relatan y definen docenas de mitzvot destinadas a alcanzar dicha aspiración.

Entre otras podemos encontrar una reiteración de la oposición formulada contra la idolatría y las prácticas relacionadas con esta, de las que hablamos levemente la semana pasada; la condena del robo y del engaño, así como contra la retención de una propiedad ajena y el retraso en el pago a las personas empleadas; el rechazo hacia las muestras de repulsión y las maledicencias; etc. También encontramos algunas mitzvot positivas como venerar a nuestras madres y padres, guardar el Shabat, algunas de las leyes relacionadas con el separar una parte de la cosecha y destinarla a las personas con menos recursos, el respeto hacia las personas Sabias, ayudar a las personas con dificultades y, entre otras muchas que no mencionaremos, amar al prójimo.

Muchos comportamientos, principalmente comportamientos éticos, son descritos en esta sección. Curiosamente, tendemos a asociar el concepto “santidad” con una perspectiva tal vez excesivamente mística, apartada de la realidad cotidiana y circundante. Pero, sin embargo, nuestra porción de estudio semanal nos recuerda que dicha “santidad” se encuentra sobre todo en el día a día, en nuestra relación con la persona que se sienta a nuestro lado, que depende de nosotros en el trabajo, o en el tratamiento que dispensamos a quienes no nos resultan suficientemente simpáticos.

“Y seréis santos”, una breve afirmación seguida de un número importante de pautas relativas a nuestro trato con otros seres humanos, en el mundo real, en la cotidianeidad. Tal vez el resumen de todas estas normas pueda ser el que para Rabi Akiva era uno de los pilares del Judaísmo: “y amarás a tu prójimo como a ti” (Vayikrá 19:18). La importancia de esta afirmación se encuentra recogida además en el Talmud (Talmud Babli, Shabat 31a) cuando se nos relata que “En otra ocasión, sucedió que una persona se presentó frente a Shamay y le dijo: ´Conviérteme en un prosélito, a condición de que me enseñes toda la Torah mientras me mantengo sobre un solo pié´. Entonces lo rechazó con la herramienta que tenía en su mano. Cuando llegó frente a Hillel, este le dijo: ´Lo que te resulta detestable para ti, no se lo hagas a tu vecino: esta es toda la Torah, el resto es comentario. Ahora, vé y estudia”.

La verdad es que, si nos centramos en esta afirmación, lo realmente importante no es solamente aprender, sino aplicar el que para nuestros sabios constituía uno de los principios básicos de la “santidad” que nos es reclamada. Rechazar a quienes han llegado desde lejos y viven con nosotros, abusar de ellos e incluso sentir odio, criticar a otras personas, hablar y opinar sobre sus vidas, dejando de lado, además, que difícilmente podríamos llegar a estar al tanto una pequeña porción de su pasado y de sus sentimientos y aspiraciones, por mucho que creamos “conocerlas”, y muchos otros comportamientos negativos nos son vedados con una sencilla afirmación. Otros comportamientos como el amor hacia quienes nos han educado y la importancia de aprender de estas personas y de quienes han acumulado sabiduría, nos ayudarán a cumplir con la segunda recomendación de nuestro sabio Hillel: “estudia”.

 

Eliyahu Peretz del Campo

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