Parashát Bejukotai (Vayikra 26:3– 27:34).

פרשת בחקתי           ויקרא כו:א- כז: לד

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 Concluimos, con la Parashá de esta semana, la lectura del libro de Vayikrá.  A lo largo de todas sus porciones hemos observado  que contiene ordenanzas primordialmente destinadas a los Cohanim, sin embargo en esta ocasión, Parashat Bejukotai, encontramos un quiebro y el texto se dirige a todo el pueblo de Israel, nos habla directamente y en segunda persona del plural cuando nos dice: “Si en mis leyes andáis y guardáis mis preceptos y los cumplís” (Vayikrá 26:3). Acto seguido se relatan las bendiciones de las que seremos destinatarios si lo llevamos a cabo y, en el caso contrario, los castigos terribles que padeceremos. El último perek se destina prácticamente en exclusiva a hablar sobre los votos y los compromisos adquiridos, así como de  un número de condiciones y valores relacionados con su posible redención, en los casos en que sea permitido.

Pero regresemos al comienzo de nuestra porción, cuando se nos habla directa y personalmente:

אִם-בְּחֻקֹּתַי, תֵּלֵכוּ; וְאֶת-מִצְו‍ֹתַי תִּשְׁמְרוּ, וַעֲשִׂיתֶם אֹתָם

¿Cuál podría ser el significado de este pashuk? Con respecto a “Si en mis leyes andáis” pudiéramos pensar que se trata de una afirmación que indica que estamos obligados a cumplir sus mandatos; sin embargo, según Rashi, el verdadero significado es “esforzarse en la Torah”, esto es, trabajar y comprender su complejidad desde diversas perspectivas. La segunda parte del pashuk guarda una estrecha relación con la primera, pues cuando leemos “y guardáis mis preceptos” podemos aprender sobre la obligación de cuidar nuestra tradición, la importancia de estudiar y conservar para transmitir. La tercera parte tal vez sea la que pueda generar, como de hecho lo hace, mayores controversias, debido a que existen diferentes perspectivas con respecto al “cumplimiento”, pero también con respecto a cuáles son los preceptos a cumplir, ya que sabemos que setenta caras tiene la Torah y que sus interpretaciones son múltiples.

Sea cual fuere la perspectiva desde la que se realice el estudio de la Torah, la tercera y última aseveración que encontramos en Vayikrá 26:3 es, posiblemente, la que con mayor dificultad se puede aplicar pues exige no solamente el conocimiento, sino también disciplina personal y consciencia de uno mismo y de las otras personas. Siendo el “mandato” de mayor complejidad en su aplicación, por otra parte, es también el que mayor relevancia posee. Desde la perspectiva progresista apostamos por un principio basado en nuestra tradición que implica estudio de la Torah para su aplicación en el mundo real, y no como un conjunto de trabajos teóricos sin conexión con nuestro entorno. Este principio se encuentra enunciado en la siguiente afirmación:

תורה עם דרך ארץ

Recordamos de esta forma que no es posible vivir en la Torah si no aplicamos sus enseñanzas. Vemos ahora reafirmada una de las conclusiones que extraíamos pocas semanas atrás, al estudiar Parashat Kedoshim, cuando observábamos que el concepto de “santidad” puede ser asociado a un comportamiento místico, pero, en realidad, nuestra porción de estudio nos recordaba que dicha “santidad” se encuentra en el día a día, en la relación con las personas cercanas y con aquellas con las que nos cruzamos.

No es suficiente que realicemos el trabajo teórico y que, presuntuosamente, nos atrevamos a poner en cuestión e incluso criticar perspectivas ajenas de forma despectiva, e incluso ridiculizándolas. Podemos aplicarnos esto especialmente cuando, tras un pretendido trabajo teórico, abusamos de las demás personas, olvidamos los valores éticos de nuestra tradición, o nos aventuramos a realizar comentarios racistas, en ocasiones disfrazados de broma, cuyo objetivo son quienes llegaron a nuestro pueblo y se incorporaron a él, o quienes no pertenecen al mismo. De esta forma, cuando este tipo de hechos suceden o bien no hemos estudiado suficiente, o bien no nos hemos esforzado en comprender, o tal vez no recordamos ni transmitimos, o, como síntesis de todo lo anterior: NO CUMPLIMOS.

Y ¿A dónde nos conduce todo esto? En la porción que estudiamos esta semana, se nos ofrece un sistema de recompensas y castigos (Vayikrá 26). La verdad es que resulta escalofriante leer las “penas” a sufrir y, por otra parte, complicado comprender la dureza de las palabras expresadas. Nuestra tradición afirma que cada castigo es una lección calculada, aunque solamente en nuestras manos se encuentra la capacidad de aprender. Hechos como que las divisiones dentro del seno de nuestro pueblo y las luchas por el poder, olvidando la diversidad de opinión que es una de nuestras principales riquezas, provocaron ambos exilios, no pueden ser olvidados. No tanto por las consecuencias o por el hecho en sí mismo, sino por la enseñanza que podemos extraer de estos. Tal vez el castigo sea la última consecuencia de nuestros actos, y no la sentencia de un juicio por incumplimiento.

Cuando dañamos a otra persona, o a un grupo, en realidad no estamos hiriendo en exclusiva a quienes son destinatarios de esta “agresión”, sino también a todo el conjunto, ya que desconocemos las consecuencias que tendrá para nuestro entorno, para nuestra sociedad y para nuestra cultura. Hoy sembramos una pequeña semilla, tal vez no se encuentre cargada de odio intencional pero, simbólicamente, constituye una agresión que a medio plazo podrá tener consecuencias sobre nuestra comunidad y sobre nuestro pueblo

אִם-בְּחֻקֹּתַי, תֵּלֵכוּ; וְאֶת-מִצְו‍ֹתַי תִּשְׁמְרוּ, וַעֲשִׂיתֶם אֹתָם….

 

Eliyahu Peretz del Campo

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