Parashát Behar (Vayikra 25:1– 26:2).

פרשת בהר               ויקרא כה:א- כו: ב

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 La porción que estudiamos a lo largo de esta semana comienza con la descripción de la Shemitá (Vayikra 25:1-7), el año de descanso para la tierra cada siete años. Así mismo se nos explica otra mitzvá de gran importancia: el Iovel (Vayikra 25:8-16), que tendrá lugar cíclicamente el año siguiente a cada séptima Shemitá. Cada cincuenta años, prescribe la Torah, todas las posesiones retornarán a su dueño para que todos tengan lo suficiente para subsistir. Este momento, el año del Iovel, será anunciado con el toque del Shofar, tal y como se realiza también en Iom Kipur, evidenciándose de esta forma la importancia de este período. Nuestra fracción de estudio se extiende hasta que de forma tajante se nos recuerda la prohibición de la idolatría y se nos recuerda “Mis Sábados los guardaréis” (Vayikra 26:2), incluyendo por supuesto la Shemitá y el Iovel.

Nos enfrentamos esta semana a una porción en la que nos son descritos un número importante de preceptos con evidente carga social. Una pregunta puede asaltarnos mientras la leemos, ¿cuál es el motivo por el que Moshe comunicó las leyes relacionadas con la tierra, la propiedad, el año de Shemitá y el Iovel? Sabemos que el momento de entrar en la tierra de Israel no se encontraba cercano; sin embargo, según Sforno, Moshe explicó todo esto pues pensaba que el momento deseado se encontraba cercano, pero posteriormente, debido al suceso de los espías, la entrada fue retrasada hasta cuarenta años. Continúa explicando Sforno que la revelación se llevó a cabo para que comenzasen a sentir la adherencia necesaria a las leyes y estatutos, para que los recordasen, comprendiesen y se predispusiesen a no violar dichas leyes cuando llegasen a su tierra.

Las normativas establecidas por las colectividades humanas tienen, como uno de sus potenciales objetivos, la simplificación de las “realidades” para prevenir o resolver los potenciales conflictos, que inevitablemente surgen durante las interacciones sociales (en todas sus variantes, personal, comercial etc.). Las leyes contenidas en la Torah (tanto en la tradición escrita como en la tradición oral y toda la literatura asociada a esta), tienen como objetivo concretar clarificar y regular una realidad muy compleja. La realidad o, mejor dicho, las realidades, resultan ser muchísimo más enmarañadas y variadas de lo que podríamos esperar en una simulación. Este es el motivo por el que nuestra tradición ha desarrollado amplios códigos en los que se establecen multitud de variantes. Las nuevas consultas que surgen, son respondidas siempre atendiendo a los fundamentos de la interpretación de la tradición (o tradiciones). La diferencia entre la Torah y algunas de las leyes de las colectividades humanas, al menos con muchas del pasado, es que el carácter progresista e innovador de nuestro código incluye valores éticos de gran calado.

 

En la porción Behar encontramos la prueba de que las desigualdades existen. Somos conscientes de que no existe igualdad plena en el acceso a los recursos económicos, sociales, etc.… y es por eso que nos fueron establecidas dos Mitzvot que tratan de compensar las situaciones de escasez o ausencia de equidad. La Shemitá y el Iovel constituyen dos claros ejemplos de cómo, en la Torah, se nos insiste en la importancia de aplicar los principios de justicia social a todos los aspectos de nuestra existencia. Ambas leyes ponen en cuestión el “orden social establecido”, las convenciones en las que nos encontramos inmersos pues nos recuerdan que la tierra (entendida como espacio físico) no pertenece a nadie, “no podrá ser vendida a perpetuidad porque es Mía”(Vayikrá 25:23).

La aplicación de las leyes referentes a la Shemitá (año sabático) no solamente aparecen referenciadas en la porción de Torah correspondiente a esta semana, sino que también son descritas en Shemot 23: 10-11 y Devarim 15. En cada uno de los tres momentos en que es esclarecida esta Mitzvá encontramos que se realiza un especial hincapié en alguno de los aspectos que la componen, por ejemplo en Shemot, existe un gran empeño en insistir en lo referente a los derechos de quienes menos tienen o, en Devarim, en la condonación de las deudas o de la liberación de los “siervos contratados”. En el caso de Behar, la Shemitá se relaciona con el Iovel. Podríamos decir que el precepto del Iovel expresa dos ideas principales que ya hemos expresado anteriormente:

1 la tierra no nos pertenece, no puede ser vendida (y por lo tanto poseída) de manera perpetua.

2 es preceptivo hacer regresar las posesiones a cada uno de sus amos, de tal forma que se equilibran las desigualdades y se corrigen los posibles abusos.

Poniendo de nuevo los pies sobre la tierra, lo que parece querer transmitirnos es un compromiso con la lucha contra el clasismo, contra los órdenes establecidos en función de un sistema injusto o de privilegios. Existes múltiples interpretaciones sobre la extensión de esta idea, que oscilan desde las posiciones que afirman que lo que se debe proveer es un mínimo, hasta aquellas que apuestan por una distribución igualitaria extrema. Dos ideas se recogen en el Sefer haJinuj en referencia a la Shemitá: “Uno de los principios fundamentales de este precepto consiste en implantar en nuestros corazones y visualizar en nuestras mentes la idea de la creación del mundo. (…) con el propósito de que el hombre recuerde que la tierra que le brinda sus frutos cada año no lo hace por su propia fuerza o naturaleza, sino que tiene un Señor sobre todos sus dueños (…)” “Y hay otro beneficio en esto (…) pues todo aquel que decide en su corazón renunciar y dejar libre en un año tanto los frutos que crecen en sus campos como la herencia de sus padres, y se acostumbra a ello tanto él como su familia, durante toda su vida, nunca se arraigará demasiado en él la cualidad de la avaricia”. Podemos plantearnos entonces, si hacemos una lectura profunda de los textos tradicionales, cuál es la postura referente a la economía y al mercado.

Coincide que esta semana leemos la Parashá Behar a la vez que conmemoramos el 63 aniversario del nacimiento del Estado de Israel, la nación que continuamente se plantea y lucha para mantener un estado Judío y, a la vez, Democrático. No hace demasiadas semanas escuchaba a alguien, un activista en pro de la libertad de creencia, decir que en ocasiones la clave para encontrar el camino para llegar a ser un país más democrático se encuentra en las mismas fuentes que nos enseñan como nuestro país puede llegar a ser más “Judío”. Hablábamos hasta ahora de los preceptos sociales, los que nos mueven a redistribuir la riqueza, a dotar a todos de medios suficientes para una vida auténticamente digna y no solamente para una penosa supervivencia, y todo esto también nos fue dicho antes de entrar en nuestra tierra,  en el monte Sinai…

 וַיְדַבֵּר יְהוָה אֶל-מֹשֶׁה, בְּהַר סִינַי לֵאמֹר

Eliyahu Peretz del Campo

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