Parashát Balak (Bemidbar 22:2– 25:18).

פרשת חוקת (במדבר כב, ב- כה:יח)

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Balak, rey de Moab, manifiesta su inquietud ante la cercanía y presencia del pueblo de Israel (Bemidbar 22:2-4). En torno a dicho temor se construye el relato de nuestra porción semanal. Un pueblo desconocido, potencialmente superior en fuerza, se aproxima y la respuesta del soberano de los Moabitas no se hace esperar; Balak envía a buscar a Bilam, hijo de Boar y conocido profeta, para que elimine el riesgo mediante la enunciación de una maldición. Los ancianos de Moab y Midián se presentan frente a Bilam, pero este no contesta inmediatamente sino que les solicita que esperen una noche. En sus sueños llega a conocer la voluntad de Dios, quien le dice que ni maldiga al pueblo de Israel ni acompañe a estos emisarios (Bemidbar 22:12). Los primeros mensajeros regresan a su lugar de origen y otros, más eminentes y con una suma mayor de dinero, son enviados a Bilam quien de nuevo rechaza la petición, pero en sus sueños le es ordenado: “ve con ellos, mas sólo lo que Yo te diga, eso harás” (Bemidbar 22:20).

Durante el trayecto que Bilam recorre para reunirse con Balak, mientras está montado en su asno sucede algo muy curioso (Bemidbar 22:22-35). El asno de repente se detiene y se aparta del camino pues, aunque Bilam no podía verlo, un emisario –“ángel”- se encontraba frente a él. Hasta en tres ocasiones Bilam se enfadó con el animal, finalmente lo golpeó brutalmente y el animal le habló preguntándole por los motivos del castigo. Es en ese momento cuando al hombre le es revelada la presencia de ese “angel” armado con una espada que amenazaba su supervivencia, atemorizado por este hecho Bilam se cuestiona la posibilidad de que haber tomado ese camino no hubiese sido lo más correcto pero se le indica que podría continuar.

El relato continúa con la llegada de Bilam ante Balak y la enunciación, una vez más, de la petición para que maldiga al pueblo de Israel. La respuesta del profeta es clara y concisa, solamente habría de decir lo que le fuese transmitido. Con esta premisa comienza la comitiva a dirigirse hacia varios puntos donde Bilam recibe la orden, una vez más, de no maldecir al pueblo de Israel y finalmente se ve obligado a bendecirlo. Es en este momento cuando leemos algunos de los versos del “מה טובו”, asociados a la bendición abundante formulada por Bilam. La reacción del soberano, Balak, resulta previsible, y con enojo exige una explicación al profeta y tras algunas palabras cada uno de ellos continúa por su camino (Bemidbar 24:25).

Concluye el texto con el repaso de un hecho que no abordaremos en esta ocasión y cuya dureza hace extremadamente complicada la búsqueda de una explicación.

Retrocedamos en nuestro relato, recordemos que la comitiva de los primeros mensajeros que llegaron a visitar a Bilam, para comunicarle la petición de Balak, se encontraba compuesta por algunos ancianos de Midian y Moav. Rashi aclara que estos dos pueblos se encontraban en guerra antes de la aparición en escena de Israel, desde ese momento alcanzaron un acuerdo de paz y por ello los ancianos de Midian también fueron consultados y enviados en la cohorte que llegó hasta Bilam. Ante una situación de mayor urgencia, ante un posible peligro inminente, ambos pueblos supieron apartar sus diferencias y llegar a un acuerdo para hacer frente común ante una posible eventualidad. Una delegación conformada por ambos pueblos se encamina a buscar a un varón conocido del momento, un hombre cuyas cualidades parecen importantes y le confieren un gran valor. Ahora bien, ¿quién era ese hombre? ¿qué tenía de especial?

Bilam es uno de los profetas más importantes que figuran en el Tanaj, no era uno de los miembros del pueblo de Israel, pero sus hechos y capacidades, como profeta, lo situaban a la altura del propio Moshe (Bemidbar 24:16). No era un hijo del pacto, pero era importante y era capaz de ver, incluso, cosas que Moshé no alcanzó a observar y a la inversa. Bilam se sitúa frente al pueblo de Israel y ve un pueblo fuerte y bendecido, se configura en nuestro relato como uno de los personajes principales de esta parashá entre: Dios, Israel y Balak, encontramos también al profeta extranjero. En algunos momentos el no comprendía lo que se esperaba de él, como en el fragmento del asno, pero en todo momento supo cual era su responsabilidad y su papel, llevándolo a término hasta el último instante. Podríamos decir que se trata también de un líder, tal y como afirmamos siempre de Moshe.

En relación a Bilam encontramos que parece ponerse en cuestión el principio básico del judaísmo de la libertad de elección, el libre albedrío. Me refiero ahora, de nuevo, al hecho sucedido con el “ángel”. En primer lugar le es solicitado que no acompañe a los mensajeros (Bemidbar 22:18-19), para luego recibir la instrucción de acompañar a los siguientes (Bemidbar 22:20-21) y finalmente Bilam se encuentra con la brusca respuesta que parece contradecir la última revelación que había recibido (Bemidbar 22:22). Es posible que Bilam no supiese en realidad cuál era la voluntad de Dios, o tal vez asistimos a una disputa interior en la que se debate sobre lo que se debe hacer y lo que se desea hacer, o bien podemos ser testigos de cómo la vanidad desmedida de la que a veces los seres humanos hacemos gala se adueña del profeta, de un grande de su tiempo, y llega a prolongar los mensajes que recibe para leerlos y encontrar unas palabras más cercanas a su propia opinión.

Es muy posible que Bilam recorriese el camino que el mismo quería transitar, pero también se hace evidente que cumple con su “obligación” y bendice con generosidad a Israel. Es probable que conozcamos a través esta historia la capacidad de ser realmente libres, de manejar nuestras existencias pero teniendo en cuenta siempre los condicionantes que nos encontramos en el camino, entre los que también se encuentran nuestras responsabilidades como individuos, comunidades o componentes de una nación o pueblo. Bilam sorteó obstáculos muy altos para tratar de alcanzar su “objetivo”, puso a trabajar todas sus capacidades y empeñó sus habilidades, su voluntad fue firme y decidida, pero sobre todo supo llegar finalmente a la acción correcta.

Eliyahu Peretz del Campo

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