Parashát Ajare Mot (Vayikra 16:1– 18:30).

פרשת אחרי מות                ויקרא טז:א- יח: ל

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Comienza nuestra Parashá refiriéndonos al suceso que repasábamos hace algunas semanas, contenido en la parashá Shemini: “Y el Eterno le dijo a Moshé después de la muerte de los dos hijos de Aarón” (Vayikrá 16:1), a lo que se suma el siguiente mandato: “Dile a tu hermano Aarón que no entre en cualquier momento al santuario…” (Vayikrá 16:2). Parece evidente que el el mensaje expresado es la necesidad de no excedernos, o no banalizar algo que posee una gran importancia. Acto seguido, nos es descrito el sacrificio de expiación que Aarón debería llevar a cabo en nombre de todo el pueblo de Israel, estableciéndose además el ayuno en el día décimo del mes séptimo, Iom Kipur (Vayikrá 16:29), para realizar la expiación de las transgresiones una vez al año (Vayikrá 16:34). El relato de la Torah prosigue con las leyes leyes relativas a la matanza de animales y algunas normas relativas al Kashrut (Vayikrá 17:1-16), haciéndose un especial hincapié en la importancia de la sangre, como portadora de la vida.

El tercer fragmento de nuestra Parashá, en el que nos detendremos por un momento, describe las que denomina “prácticas de la tierra de Mitzraim” (Vayikrá 18:2), definiéndolas como “toevá” (תּוֹעֵבָה), y que poseen un claro componente idolátrico. Entre las prácticas descritas encontramos una que ha generado, y genera aun hoy, una profunda discusión, pues afecta a la vida de muchas personas: “וְאֶת-זָכָר–לֹא תִשְׁכַּב, מִשְׁכְּבֵי אִשָּׁה: תּוֹעֵבָה, הִוא” (Vayikrá 18:22). Sobre este  pasuk se ha fundamentado la prohibición tradicional de las relaciones entre personas del mismo sexo, que, aunque en un principio se aplicaba en exclusiva a los varones, con posterioridad la literatura Rabínica extendió dicha prohibición también a las relaciones entre mujeres, con el objetivo de hacer un “cerco en torno a la Torah” descrito en Pirkei Avot 1:1 (וַעֲשׂוּ סְיָג לַתּוֹרָה).

Durante generaciones una lectura monocromática sobre este pasuk ha perpetuado la prohibición, y se han desarrollado comentarios relativos al abordaje de este “problema”, de esta “inclinación hacia el mal”. La “corrección” y la “expulsión” han sido los caminos propuestos mayoritariamente para quienes se atrevían a cruzar el límite, esto continúa sucediendo hoy en muchos ámbitos. Sin embargo, si nos detenemos por un momento y releemos, dentro de su contexto (Vayikra 18), esta prohibición tomará un nuevo sentido. Se habla de esta práctica en el entorno de la idolatría, llevada a cabo por los otros pueblos y contra la que se advierte al pueblo de Israel, la palabra empleada es “toevá” (תּוֹעֵבָה), frecuentemente la encontramos traducida como “abominación”, pero los expertos afirman que se trata de una inexactitud. Este término aparece asociado a aspectos negativos y, en ocasiones, también a situaciones neutras, teniendo como único vínculo la relación con las prácticas de otros pueblos destinadas a la idolatría.

Las fuentes históricas, cada día más contrastadas, definen y describen como una práctica del pasado el mantenimiento de relaciones de tipo sexual con fines idolátricos, ya fuese a través de la prostitución o no, en los templos cananitas. Claramente la prohibición de estas prácticas se encuentra contenida en nuestro texto; pero el mencionado versículo de ninguna forma puede extenderse a las relaciones que hoy conocemos y que se desarrollan entre personas del mismo género.

En la actualidad se trata de interacciones consentidas, en las que media el amor y que, además, constituyen parte de una relación afectiva que no ha tenido equivalentes en el pasado, cuyo objetivo no es la idolatría sino el establecimiento de una pareja, de una familia. Estas realidades emergentes día a día son reconocidas por un número creciente de estados, habiendo sido dejados atrás los prejuicios, que en muchos casos tienen un origen misógino. Como no podría ser menos, también dentro del Judaísmo algunas corrientes se han hecho sensibles ante esta realidad y han reabierto un debate que se encontró cerrado durante siglos, hallando nuevos caminos para realizar una interpretación que no excluya a quienes aman a otra persona de su mismo género, dejando de forzar a un número muy elevado de seres humanos a reprimir su auténtica personalidad o a abandonar su comunidad y familia.

No entraremos a abordar los cambios en la halajá, que se han realizado a lo largo del periodo posterior a la destrucción del segundo templo (año 70 de la era común). En algunos casos se incluyeron prohibiciones, como sucedió al respecto de la poligamia, y en otros se eliminaron, como por ejemplo la supresión de la condena de muerte contemplada en la Torah para los hijos indóciles (Devarim 21:18-20). La halajá ha ido evolucionando, se trata de nuestro “camino” y nos acompaña en cada contexto histórico, a lo largo de todas las épocas y por este motivo hemos de leer y releer cada año, deteniéndonos en los nuevos aspectos, en las nuevas significaciones y reflexionando sobre todo aquello en lo que no habíamos reparado anteriormente. Solamente de esta forma podremos construir un camino por el que transitar acompañados, por quienes piensan y viven como nosotros y por quienes no lo hacen.

Nos encontramos en el Shabat previo al comienzo de Pesaj, lo denominamos Shabat haGadol. La tradición afirma que antes de la liberación, de la salida de Mitzraim, en este Shabat, los miembros del pueblo de Israel después de siglos de inmersión en una cultura extraña sacrificaron un carnero, renunciando de forma clara a la adoración de este animal, a una práctica idolátrica. Se trata del Shabat en el que conmemoramos el momento previo a la salida hacia nuestra libertad, un instante de alegría compartida por todos los componentes del pueblo de Israel, sin excepción. Ninguno de los miembros de nuestro pueblo ha de ser excluido, por este motivo en la noche del Seder incluiremos una naranja en nuestras kearot, envolviendo de esta forma a todas las personas y simbolizando que hemos abandonado las prácticas de la tierra de nuestra esclavitud, entre ellas la opresión, y que hemos encontrado el camino para superar la exclusión de una porción de los integrantes de nuestras kehilot.

Miramos un año más, desde este Shabat, hacia el próximo Pesaj, luchando contra la opresión y la exclusión, simbolizadas por nuestra estancia en Mitzraim. Continuamos superando las barreras de la esclavitud, que en nuestros días adquieren también otra apariencia, tal vez nosotros hoy no fabricamos ladrillos pero los prejuicios continúan oprimiendo y sometiendo a muchas personas, aunque nuestro pueblo continúa caminando hacia la libertad.

 

Eliyahu Peretz del Campo

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