Parashat Vayishlaj (Bereshit 32:4 – 36:43)

פרשת וישלח      לב: ד-לו: מג

 5771

En la Parashá que estudiamos esta vez encontramos el regreso de Yaakov,nos topamos con el reencuentro que ha de producirse entre su hermano y él después de una larga estancia en la lejanía. La semana pasada, en el análisis de la Parashát Vayetzé, hablábamos sobre la evolución espiritual de Yaakov, sobre el salto cuantitativo y cualitativo que se produce en su interior y sobre las potenciales consecuencias de este cambio.

 

El relato del fragmento que estudiamos esta semana comienza con la preparación del encuentro. Yaakov envía mensajeros a Esav, pero al tiempo divide el campamento ante la posible eventualidad de un ataque y por último también pide a Dios ser librado de la ira de su hermano, de su posible agresión. En esta tefilá él recuerda que ha dividido el campamento para proteger a su familia, haciéndose consciente de su propia fuerza o mérito; por otra parte, la tradición afirma que Yaakov sabía que, en caso de entrar en colisión o conflicto con su hermano, tendría capacidad para derrotarlo, pero que aun así prefería una resolución pacífica. Se comporta de manera paciente y siendo consciente de su “superioridad” no desea la lucha, prefiere la vía del diálogo y el entendimiento y no una demostración de poder.

 

A partir de este instante encontramos un relato de gran importancia y que posee numerosas interpretaciones. El episodio del encuentro entre Yaakov y el “hombre” ha despertado diversas aclaraciones y posturas al respecto, sin embargo nosotros nos centraremos en esta ocasión en el comienzo cuando “Se había quedado solo Yaakov” (Bereshit 32:25). La soledad de Yaakov es comparada, en las fuentes tradicionales, con la soledad del pueblo que llevaría su nombre, tal y como se explica en Otzar haMidrashim; pero no es este el único aspecto relativo a este hecho que podemos destacar.

 

Yaakov se queda solo y en ese momento podríamos preguntarnos ¿qué es lo que hace? Tal vez el lapso transcurrido entre la marcha de su familia y la lucha con el “hombre” no le permitió llevar a cabo un número significativo de actividades, no lo sabemos con certeza, pero entre las acciones que pudo desarrollar se encontraría la observación y reflexión sobre el momento que estaba viviendo. El límite entre la soledad edificante y la “muerte en vida” cuando no estamos en compañía de los demás, se encuentra demarcado por una línea y a un lado de esta encontramos el espacio para reflexionar, explorar, conocernos y descubrir nuestras capacidades y potencialidades. Al otro lado de la línea encontramos el miedo, la falta de implicación con los demás pretendiendo vivir aislados y supuestamente protegidos.

 

El aislamiento que nos conduce a la “muerte en vida” no permite que cosechemos logros, pero disponer de periodos de reflexión y autoexploración nos puede ayudar a no caer en la frialdad, en la apatía, o en la indiferencia hacia las demás personas o hacia nosotros mismos. Yaakov resultó vigorizado tras confrontar la soledad de una forma edificante, los retos que posteriormente se le presentaron ya no constituían un obstáculo insalvable y pasó de esta forma a llamarse Israel, hecho del que ya hablaremos en otra ocasión.

 

Eliyahu Peretz del Campo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: