Parashat Vayikra (Vayikra 1:1– 5:26)

פרשת ויקרא               ויקרא א:א- ה:כו

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Comenzamos esta semana la lectura del libro Vayikrá, el tercer libro de la Torah, que contiene las leyes destinadas a los Cohanim en lo referente al servicio en el Templo. Nos son descritos, a lo largo de estas Parashot, las razones y el orden de los sacrificios que eran ofrecidos hasta hace dos milenios, cuando el Templo de Yerushalaim fue destruido. Hemos de ser conscientes de que la comprensión del significado y simbolismo que se encierra tras este tipo de prácticas, los sacrificios, resulta difícilmente accesible, en especial, si tenemos en cuenta de que se trata de una práctica de hace dos mil años, pero si tratamos de profundizar en el texto podremos obtener algunas claras lecciones.

Parashát Vayikrá comienza con la descripción de las diferentes ofrendas, entre ellas encontramos la Ofrenda de Ascensión (llamada así debido a que se consumía completamente), la Ofrenda de Paz y las Ofrendas de Transgresión ya fuese realizada sin intención (קָרְבָּן חַטָּאת) o de manera intencional (en casos de falta de honestidad, …). Nos relata por lo tanto la Torah, cómo debería responder a sus transgresiones una persona y lo hace, de forma explícita, diferenciando entre grupos, teniendo en cuenta su responsabilidad pública y, por lo tanto, la trascendencia de sus acciones.

Resulta muy interesante, desde el punto de vista de nuestro análisis, detenernos en la porción referente a las ofrendas destinadas a las transgresiones no intencionadas (קָרְבָּן חַטָּאת). Son descritos en este punto diversos tipos de personas o grupos que pueden cometer una transgresión: un Cohen ungido (Vayikrá 4:3), todo el Pueblo de Israel (Vayikrá 4:13), uno de los príncipes de las tribus (Vayikrá 4:22) o una persona individual (Vayikra 4:27). Si comparamos las expresiones empleadas para describir las acciones de cada una de estas categorías encontraremos algo significativamente curioso, en todos los casos se emplea la partícula “si” condicional (אִם), excepto en el apartado referido a los príncipes para quienes se emplea el adverbio temporal “cuando” (אֲשֶׁר) expresando que definitivamente se hace culpable.

La pregunta que nos podemos plantear resulta inmediata, ¿Cuál es el significado de que cuando nos referimos a las personas individuales, a los Cohanim o a toda la asamblea a del pueblo es empleada la expresión “Y si … transgrediese por error”? Y ¿Por qué se afirma “Cuando un príncipe de tribu transgrede…”? Es evidente que la expresión destinada a los mandatarios no deja espacio a la duda sobre si estos se equivocan, la respuesta inmediata que nos es dada es un SI rotundo, cometen errores. ¿Se trata de una lección de honestidad para los dirigentes? ¿Se trata de expresar la idea de que cuando una de las personas responsables de la dirección del pueblo comete una transgresión, aunque sea sin intencionalidad, esta no debería haber sido cometida y por lo tanto es automáticamente culpable? ¿Se trata, por lo tanto, de expresar que la responsabilidad del poder es inmensamente grande y que debe ser ejercido con limpieza y honestidad ilimitadas?

Tal vez la respuesta a las tres últimas preguntas planteadas con anterioridad es un si conciso, sin embargo hemos de hacer una puntualización. En la actualidad, en los regímenes democráticos, la soberanía se encuentra depositada en el pueblo, que elige democráticamente a sus representantes a través de las elecciones, siendo también co-responsables de todo lo que sucede en el país, dentro de lo que el voto nos permite. Así mismo cada uno de nosotros en nuestro ámbito tenemos que ser capaces de reconocer qué acciones, incluso aquellas de las que no hemos sido conscientes, dañan a otras personas (por ejemplo, y aprovechando que recientemente ha sido ocho de marzo, la violencia simbólica que se ejerce sobre las mujeres a través de los comentarios aparentemente “inofensivos” que en ocasiones realizamos). Así mismo nuestros dirigentes, por mucho que fuesen electos, tienen la responsabilidad de llevar a cabo sus tareas con la mayor pulcritud, ya que ser designado por el pueblo no significa que les sea “entregado un cheque en blanco”.

Rashi cita en el comentario de esta parashá a nuestros Sabios, ellos se reafirmaban en la idea de que un pueblo en el que sus dirigentes son capaces de reconocer y corregir sus errores, además de pagar el precio de la responsabilidad de haberlos cometido, es un pueblo afortunado y bendito.

 

Eliyahu Peretz del Campo

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