Parashat Vayigash (Bereshit 44:18 – 47:27)

פרשת ויגש         בראשית מד: יח-מח: כז

 5771

La Parashá correspondiente a esta semana nos relata la partida de la familia de Yaakov hacia Mitzraim, donde se producirá el reencuentro con Yosef. En las anteriores Parashot hemos asistido al relato de las “tragedias” del hijo perdido de Yaakov, de las incesables “desgracias” que se han sucedido a lo largo de su recorrido desde la salida de la casa de su padre y que le han conducido hasta este momento. La pasada semana, concluía el relato en el momento en que Yosef anuncia a sus hermanos, quiénes desconocen hasta entonces su identidad, que Biniamín sería retenido y hecho esclavo, por haberse adueñado de algo que no le pertenecía.

La argucia de Yosef provoca una interesante reacción en Yehudá, el responsable ante su padre Yaakov de la seguridad y bienestar del hermano menor. Yehudá insiste en la importancia de que todos los hermanos regresen a la casa de su padre, especialmente el menor, pues lo contrario causaría un gran sufrimiento a su progenitor. Es en este punto cuando Yosef no es capaz de ocultar por más tiempo su identidad y se desenmascara. Sus hermanos, al descubrir de quien se trata, se sorprenden profundamente, aunque él los reconforta y les ruega que acudan a buscar a Yaakov para asentarse en la tierra de Goshen con la autorización del faraón. En este momento el listado de descendientes de la casa de Yaakov ascendía a 70 personas, según el relato de la Torá.

Ante la noticia de la supervivencia de su hijo, Yaakov parte a su encuentro y le es ofrecida la tierra de Goshen, pues parece ser que los egipcios pretendían mantenerse alejados, ya que para ellos las ovejas eran sagradas y la familia de Israel se dedicaba al pastoreo. En la cercanía de la conclusión de esta porción, se nos relata de qué manera el hambre comenzó a acentuarse y cómo poco a poco Yosef consigue una mayor fortuna para el faraón, mientras al tiempo los Israelitas prosperan y crecen numéricamente.

Vayigash constituye una Parashá no solamente extensa, sino también con múltiples detalles e historias que se entrelazan. Todas ellas tienen que ver, de una forma u otra, con el reencuentro de la familia, con la superación de las historias del pasado y con la supervivencia del pueblo. En la Parashat Miketz podíamos ver como Yosef operaba con sus hermanos, consiguiendo que regresasen llevando con ellos a su hermano Beniamin, el menor de todos, y también podemos conocer la estrategia que empleó para retenerlo junto a él. Este último hecho suponía un elevado gravamen para sus hermanos, ya que su padre les había advertido que no regresasen a casa sin el menor. Es en este momento de extrema tensión es cuando Yehudá articula un monólogo, l de mayor extensión del sefer Bereshit, con el objetivo de conseguir la libertad de su hermano, renunciando para ello a la suya propia.

Yeudá recuerda el primer encuentro con el virrey en mitzraim y su correcto proceder al devolver las monedas encontradas en los sacos de grano, así mismo hace referencia a la conversación con su padre al regresar a Canaan y sobre la débil salud de este. Concluye su alegato Yehudá ofreciendo una alternativa, brindándose como reemplazo, pretendiendo de esta forma salvar a Biniamín de la esclavitud y tratando de evitar el sufrimiento de su padre. Sin embargo podríamos interpretar este pasaje de otra forma, pues desde una perspectiva complementaria cuando Yehudá le pregunta a Yosef: “¿Cómo volveré yo a mi padre si el muchacho ya no se encuentra conmigo?” (Bereshit 44:34), su pregunta la formula expresando ante el hombre como queriendo decirle: ¿Qué significará para mi padre mi regreso sin haber cumplido con mi compromiso (con mi responsabilidad)?

A lo largo del soliloquio Yehudá recuerda el encargo de su padre. De manera similar, las personas tenemos un claro compromiso adquirido, no solamente con quienes nos antecedieron, sino también con quienes nos han de suceder en este mundo. En dicho sentido, uno de los aspectos en los que debemos prestar una especial atención es en la preservación del entorno. El compromiso intergeneracional resulta indudablemente fundamental para asegurar la supervivencia y unas condiciones sociales dignas y justas. No es suficiente proveer a nuestras hijas e hijos de bienes materiales, sino que también nuestro compromiso con la sociedad resulta una aportación a su futuro y una valiosa enseñanza. Proveerles solamente de aquellos bienes materiales que la sociedad de consumo les incita a obtener sería mantenerlos huérfanos y abandonarlos de hecho, ricos en objetos pero con unos ascendientes ausentes, se verían condenados a la más terrible de las “pobrezas”.

En cualquier situación de crisis, ya sea una hambruna, una invasión o un incendio, como el que ha asolado el norte de Israel la pasada semana, resulta fundamental actuar para evitar las consecuencias inmediatas, pero implicarse en la prevención de futuras catástrofes y en la corrección de las consecuencias a largo plazo, constituye un ejercicio de justicia y reparación insustituible.

 

Eliyahu Peretz del Campo

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