Parashát Vayeji (Bereshit 47:28 – 50:26)

פרשת ויחי           בראשית מח: כח-נ:כו

5771

La pasada semana, a través de la Parashá, hemos podido repasar el relato del reencuentro entre Yaakov y Yosef en Mitzraim. Después de muchos años, tras todos los sucesos que ambos vivieron, se reencontraron padre e hijo y la familia se reunió en otra tierra, a la que llegaron huyendo de la sequía y del hambre.

En la porción que estudiamos esta semana, entre muchos otros hechos, Yaakov se despide de sus hijos, a cada uno de ellos les dirige unas palabras antes de completar sus días. Estas palabras resultan ser un sumario de los recuerdos del pasado, pero también, a la vez, pretenden ser una mirada hacia el futuro. Cada una de las tribus es mencionada en el discurso final del tercer patriarca, cada una de las tribus de Israel recibe “su parte”, sin exclusiones.

Durante su agonía Yaakov hace llamar a sus hijos: “Reuníos y escuchad, oh hijos de Yaakov. Escuchad a Israel, vuestro padre” (Bereshit 49:2). Los convoca para hablarles, pero no hace distinciones ya que es su padre, los reconoce a todos y todos son parte de su familia. Los reúne a todos y cada uno, dándoles la importancia y valor que les corresponde, otorgándoles aquello que es justo y es entonces cuando les habla. Todo el pueblo es tratado por Yaakov como un conjunto, un grupo en el que sus miembros, sin excepciones, son tratados de manera igualitaria, sin privarles bajo ningún pretexto de su dignidad.

El mensaje que Yaakov transmite a sus hijos, a través del enunciado de su convocatoria es doble. Por una parte, Yaakov les prescribe mantenerse unidos, no disgregarse o romper la unidad del pueblo y, en segundo lugar, reclama atención sobre sus palabras y enseñanzas para que no se pierdan. En el Judaísmo, de forma tradicional, han existido corrientes de pensamiento diversas, recordemos, por poner énfasis en este aspecto, el dicho popular que versa diciendo: un judío, dos opiniones; sin embargo la unidad del pueblo de Israel ha sido y es imprescindible para su supervivencia, siendo responsabilidad de todos y cada uno de sus miembros. Si bien la concordia es imprescindible para el mantenimiento de una nación, de un pueblo, el respeto por las opiniones y puntos de vista ajenos, así como el tratar de no oprimir a los demás, resultan ser aspectos también fundamentales para alcanzar el éxito en la unidad solicitada por nuestro patriarca en sus últimos momentos.

Prestar atención a la voz de nuestro ancestro, Yaakov, no significa que este nos exigiese que todos pensemos de manera monolítica, sino que su enseñanza respecto a la unidad del pueblo, a pesar de su diversidad, resulta fundamental para que podamos seguir mirando hacia el futuro del que patriarca nos hablaba.

 

Eliyahu Peretz del Campo

 

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