Parashát Vaet-janan (Devarim 3:23 – 7:11).

פרשת ואתחנן    דברים  ג: כג – ז: יא

Shabat Vaetjanan, 5770

Nos encontramos en esta ocasión ante una porción, Parashát Vaet-janan (Devarim 3:23 – 7:11),  en la que se abordan un gran número de aspectos y asuntos. Después del repaso que había comenzado Moshé de lo sucedido durante los casi ya cuarenta años en el desierto, en esta porción nos relata que el propio Moshé rogó para que le fuese permitido entrar a la tierra de Israel, pero que esta prerrogativa le fue negada (Devarim 3:23-27).

Un repaso exhaustivo del episodio de la entrega de la Torah y del propio decálogo nos es ofrecido (Devarim 4:10-5:30) y se nos brindan múltiples detalles y visiones complementarias del mismo. En este pasaje concreto se nos recuerda un detalle, en al menos cinco ocasiones, que posee a mi parecer una gran importancia: extranjeros, extraños, esclavos, … fuimos en Egipto. Y ¿qué significa esto hoy? ¿qué debemos recordar en realidad? Tal vez que fuimos oprimidos, esclavizados, maltratados, rechazados, … y tal vez también debemos recordar que no podemos hacer lo mismo con otras personas, que no debemos oprimir o intentar avasallar a los demás.

En muchas ocasiones la política interna de un estado, movimiento o conjunto de personas puede ser empleada para oprimir a aquellas personas que no piensan igual que una cierta corriente. En ese caso (y tenemos un ejemplo muy reciente) tal vez alguien se ha comportado como lo hicieron con todos nosotros en Mitzraim. Es humano pues a veces olvidamos nuestros valores, la tradición y permitimos que nuestras “fobias ideológicas” nos empujen a tratar de dañar al “oponente”. Tal “contrincante” en realidad no lo es pues se trata simplemente de una variante ideológica, de una posición distinta pero tenemos la capacidad de coexistir, respetarnos y también la posibilidad de discutir y llegar a acuerdos o a desacuerdos que han de solventarse sin perjuicio para ninguna de las partes, pues en esto se fundamenta nuestra tradición milenaria (y no en tratar de anular o dañar a “los otros”).

Encontramos en esta Parashá algo  que nos une a todos, el principio básico  del Judaísmo: “שְׁמַע יִשְׂרָאֵל:  יְהוָה אֱלֹהֵינוּ, יְהוָה אֶחָד“. Esta idea aglutina la esencia del Judaísmo y es repetida por las personas de todas las corrientes y movimientos a lo largo y ancho del mundo, cada mañana y cada noche. Cualquier intento de agresión o discriminación contra alguno de dichos miembros ha de ser interpretada como un grave desprecio a la tradición (que siempre ha consagrado la diversidad de opinión como bien se puede observar en el Talmud y en las repetidas discusiones que encontramos en el) y también como un olvido intencionado del hecho de que “esclavos fuimos en Mitzraim”.

¿Qué interponemos entre nosotros y los demás? Cuando desde nuestra ventana personal tratamos de ver al resto pero a través de nuestros filtros, de nuestro criterio personal y de nuestras interpretaciones, en ese momento lo único que vemos es nuestro propio reflejo y nada mas podremos ver hasta aceptar que existen otras perspectivas distintas sobre un mismo hecho o realidad (en este caso el Judaísmo). Esta es una enseñanza que podemos encontrar en muchos de los midrasim y sipurim de nuestra tradición y que posee un gran valor en nuestra comunidad.

Precisamente el recuerdo de Mitzraim reaparece casi al final de la Parashá para insistir en que debemos educar a nuestras hijas e hijos sin olvidar este hecho (Devarim 6:20-25). Una parte muy importante del texto nos recuerda que debemos mantener los objetivos de la Torah y no dejarnos llevar por los instintos que nos empujan a las reacciones viscerales. También se nos habla de la transmisión generación a generación, de la importancia de la educación de quienes son nuestra descendencia en los valores éticos de la Torah y debemos recordar que dicha enseñanza/aprendizaje se realiza también a través de lo que nuestras hijas e hijos ven y escuchan en nuestros hogares. ¿Qué transmitimos a nuestros hijos en el momento en el que intentamos anular al resto o, como ha sucedido en esta trágica ocasión, cuando otros intentan anularnos a nosotros mismos?.

 

Eliyahu Peretz del Campo

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