Parashat Shoftim (Devarim 16:18 – 21:9).

פרשת שפטים       דברים טז: יח- כא:יט

Shabat Shoftim, 5770

 

Continuamos esta semana con el que se ha considerado tradicionalmente discurso final de Moshé, o “Mishne Torah” (por ser un repaso o repetición del resto de los libros de la Torah). Comienza el texto en esta porción hablándonos sobre la necesidad de nombrar jueces (שֹׁפְטִים) y alguaciles en cada ciudad, e impone el requisito de que cada juicio será siempre ecuánime. Se nos habla sobre las prácticas idolátricas y se nos previene contra ellas, además de especificarse que los animales sacrificados tendrán que encontrarse libres de defecto.

A través de una situación en la que se describe un potencial comportamiento idolátrico (Devarim 17:2-13), se nos introduce un asunto tan importante como la necesidad de que no puedan dictarse algunas condenas con un solo testigo, sino que serían necesarios dos e incluso tres. Además encontramos, para casos complicados o en los que existan dudas, la posibilidad de contar con una segunda instancia a fin de no limitar la justicia a un único veredicto. Avanzando en la parashá, nos topamos con una explicación que complementa este párrafo y hace referencia a los testigos que ofrecen una versión no verdadera con el fin de dañar a otra persona o personas (Devarim 19: 15-20).

Me gustaría reseñar algo muy curioso, y por otra parte habitual, que encontramos en este fragmento sobre la responsabilidad (Devarim 17:2-13): es aplicada a “hombre o mujer” por igual, indicándosenos una vez más que los roles sexistas que imponemos como sociedad a mujeres y hombres no se fundamentan en la Torah sino en las circunstancias puntuales que nos rodean y construimos.

En otras ocasiones encontramos la descripción de las cualidades que debe reunir un líder, como por ejemplo cuando se nos habla sobre la sucesión de Moshe. Ahora se nos plantea la posibilidad de tener un rey, al igual que los otros pueblos, pero su comportamiento habrá de regirse por un código riguroso (Devarim 17:14-20) para que sea una persona recta, conocedora de la ley para cumplirla y al fin uno más. Es posible que uno de los fragmentos más interesantes de este texto desde esta perspectiva sea: “sino uno (un rey) que no tendrá más caballos que los que necesite, no sea que haga retornar con ellos al pueblo a mitzraim” (Devarim 17:16), tenemos mucho que reflexionar en torno a esto.

Nuevas leyes referentes a los levitas y sus derechos, advertencias contra las prácticas idolátricas y supersticiones, así como la eventual aparición de falsos profetas son descritas y también encontramos información relativa a los homicidas involuntarios, el alistamiento en el ejército, etc. Por otra parte a lo largo de nuestra porción de estudio encontramos una referencia a la importancia de ofrecer primeramente la paz al entrar en una ciudad, pero sin olvidar el principio de defensa y supervivencia (debemos tomar en cuenta el contexto histórico que nos relata este texto y tomar solamente aquellos aspectos que podemos aplicar al mundo contemporáneo).

Se trata una vez más de una porción de alta densidad, en la que encontramos muchos asuntos y sobre la que podríamos discutir profundamente durante horas (en referencia a todos los asuntos que he mencionado anteriormente y otros que podríamos detectar). Quisiera sin embargo centrarme esta semana en un pequeño fragmento, que nos acerca a los valores de respeto por la naturaleza contenidos en la Torah: “Cuando pongas sitio a una ciudad por mucho tiempo para conquistarla, no destruirás sus árboles con hachas…” (Devarim 20:19). Es muy posible que el motivo que se esgrime en este contexto no aparente ser nada más que una cuestión estratégica y práctica (pues podemos comer aquello que los árboles frutales nos ofrecen), aunque si pensamos con detenimiento y relacionamos esta afirmación con otras a lo largo de la Torah (como por ejemplo la contenida en Vayikrá 19:23), nos daremos cuenta de que prohíbe la destrucción del patrimonio natural, el vandalismo contra la naturaleza y se propugna la importancia del máximo respeto hacia un elemento del que formamos parte y sin el que no podemos existir.

La tradición ha desarrollado amplia literatura sobre la importancia de los árboles, encontramos en el Talmud referencias múltiples (por ejemplo en Vayikrá Rabá 25 o en Midrash Tajuma en el tratado Kedoshim), incluso muchos pensadores e ideólogos del pueblo han hecho referencias a este hecho. Me gustaría recordar lo que decía en este sentido David Ben Gurión: “De todos los hechos benditos en los que estamos involucrados en esta tierra, no sé si hay alguna experiencia más fructífera y con resultados tan útiles como la de plantar árboles. Ellos le agregan belleza a la escena de nuestro país (Israel), mejoran su clima y aumentan la salud de sus habitantes”. Somos conscientes de la importancia que tiene plantar árboles y así se demuestra cada año cuando hacemos lo oportuno en Tu biShbat (ט”ו בשבט), pero no solamente en ese momento, también cuando trasplantamos un árbol en vez de talarlo, cuando aprovechamos al máximo recursos tan preciosos como el agua o tenemos un comportamiento respetuoso con el entorno.

En otras ocasiones podemos encontrar el precepto de plantar árboles, como ya mencionaba anteriormente, pero curiosamente en este caso lo que se nos prohíbe es destruir.

 

Eliyahu Peretz del Campo

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