Parashát Pinjas (Bamidbar 25:10 – 30:1)

 פרשת פינחס   במדיבר כה: י – ל:א

Shabat Pinjas, 5770

Concluía la Parashá de la pasada semana (Parashát Balak: Bamidbar 22:2 – 25:1) con una intensa historia que nos relata la artimaña diseñada por el pueblo de Moab y una serie de sucesos que en la porción que estudiamos a lo largo de esta semana desembocan en un hecho reseñable. A Pinjas, hijo de Eleazar el hijo de Aaron, le es ofrecida una recompensa “…en reconocimiento de su celo por Dios” (Bamidbar 25:13). Lo que nos enseña la tradición al respecto de este hecho es que la diligencia y la entrega al estudio de la Torah debe ser plena. Pero debemos preguntarnos al respecto de esto en qué sentido debemos enfocar dicha entrega.

Por una parte me gustaría recordar una de las múltiples enseñanzas del Talmud: “Rabi Eleazar Ben Azariah enseña: Sin Torah no hay comportamiento apropiado; y si no hay comportamiento apropiado no hay Torah. Sin sabiduría no hay reverencia; y si no hay reverencia, ¿cuál es el beneficio de la sabiduría?. Sin razón no hay entendimiento; y si no hay entendimiento la razón no vale la pena; Sin harina (sustento) no hay Torah (vida espiritual); y si no hay Torah, la harina no tiene valor.” (Mishná, Avot 3:21). Al menos dos importantes conclusiones podemos extraer de este pequeño fragmento, por una parte que de ninguna forma podemos sustraernos a la realidad que nos rodea o apartarnos del mundo ya que la Torah fue dada para ser estudiada, interpretada y aplicada en este mundo. En segundo lugar, cobra una especial importancia el hecho de que el estudio por sí solo no resulta suficiente, debemos vivir inmersos en los valores éticos contenidos en la Torah.

En el Sefer Mishle (4:2) podemos leer: “Porque buena enseñanza os he dado, no abandonaréis Mi Torah”. En la actualidad podríamos pensar que ya no vivimos inmersos en el mundo de la Torah, pues nuestras realidades son profundamente diferentes a las descritas a lo largo de toda su extensión, pero no es así, la Torah continúa teniendo vigencia y su contenido ético posee un profundo valor. Lejos de abandonarla, a lo largo de la historia los Judíos de todas las generaciones hemos sentido el vínculo que nos unía a quienes nos precedieron, hemos respetado su sabiduría y enseñanzas y las hemos aplicado adaptándolas a la realidad que nos rodeaba.

Contamos con múltiples ejemplos para demostrar que a lo largo de la historia el Judaísmo se ha amoldado a las nuevas realidades. Me gustaría hacer mención de una que supuso un punto de inflexión de gran importancia y que lejos de significar el declive del Judaísmo ofreció una oportunidad única de progreso en muchos aspectos. Se trata de la desaparición del Beit Hamikdash en el año 70 de la era común y el exilio forzoso; este amargo suceso que conmemoramos en Tisha veAv no supuso la desaparición o la pérdida de valor de las enseñanzas y valores éticos de nuestra tradición, sino que a pesar de que ya no era posible continuar con las actividades desarrolladas por los Kohanim, la esencia del Judaísmo y la Torah prevalecieron y se acomodaron a la nueva realidad recientemente emergida.

Otro de los aspectos que podemos resaltar en la Parashát Pinjas es la realización del censo “…por sus casas paternas” (Bamidbar 26:2), recordándonos que formamos parte de un continuo en construcción, que somos parte de una historia colectiva en la que no podemos centrarnos en nuestra propia realidad o en la de nuestra familia pues formamos parte de un grupo más extenso. Ante el momento en que Moshé es consciente de su inminente desaparición y consiguiente sucesión, dice con respecto a quien debiera ser su sucesor: “…un hombre que salga y entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación del Eterno no sea como ovejas que no tienen pastor” (Bamidbar 27:15-17); Rashi interpreta que el auténtico líder que Moshé describía es aquel que es capaz de comprender que cada ser humano es un individuo y que tiene la capacidad de tratarlo conforme a sus necesidades reales. Cada persona forma parte de un conjunto pero tampoco debe ser anulada dicha individualidad  que la hace única.

Dos figuras de gran importancia son nombradas a lo largo del censo, se trata de Efraim y Manasés, y al concluir la relación del censo podemos leer “…cada tribu heredará conforme a su número según el censo” (Bamidbar 26:54). Dos cualidades de la justicia social podemos extraer de este fragmento, por una parte que se fundamenta en hechos y realidades (sustentadas en documentos) y por otra parte que todos estamos sujetos a ella por igual, no es legítimo pretender tener privilegios especiales.

Seis miztvot se recogen en la Parashá de esta semana y cuatro de ellas corresponden al servicio en el Templo (las otras dos tienen que ver con los derechos de sucesión y con el toque del shofar en Rosh HaShaná). Hoy no hay servicios ni sacrificios en el Beit Hamikdash pero continúa existiendo el Judaísmo y tal y como comentábamos con anterioridad hemos continuado el camino estudiando, discutiendo y adaptándonos. Igual que en otro momento crítico, durante la sucesión del Moshé, el mejor dirigente para el pueblo de Israel fue seleccionado por sus cualidades excepcionales y siguiendo su “propio camino” supo conducir a todas y cada una de las personas del pueblo de Israel hasta el lugar que les habría de pertenecer. Podríamos enumerar muchos ejemplos pero todos nos conducen a una conclusión clara: la tradición Judía siempre ha sido progresista.

Eliyahu Peretz del Campo

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