Parashát Matot – Mase (Bamidbar 30:02 – 36:13)

פרשת מטות-  מסעי   במדיבר   ל:ב -לב:מב / לג: א -לו: יג

Shabat Mase, 5770

Terminamos esta semana la lectura del libro Bamidbar con los parashot: Matot y Mase. A lo largo de ambas porciones encontramos un intenso relato cargado de significado y con muchísimos aspectos que podríamos analizar. La adquisición de un compromiso y su valor, la lucha contra los Midianitas, el reparto del botín de la guerra, la purificación, el reparto de la tierra, los límites de la tierra del pueblo de Israel, la situación de los levitas, … y otros muchos asuntos son abordados en estos dos fragmentos.

Encontramos algo al comienzo de la Parashá que tiene una gran importancia, se habla sobre la importancia de nuestros compromisos verbales (Bamidbar 30:2-17). Además resulta peculiar que se señale el hecho de que Moshe habla sobre esto frente a los jefes de las tribus (רָאשֵׁי הַמַּטּוֹת). Aquello a lo que nos hemos comprometido habrá de ser cumplido, encontramos en este apartado las fórmulas a través de las cuales puede ser anulada un compromiso, fórmulas con una clara huella de un sistema patriarcal en el que el valor de las mujeres era inferior al de los varones, pero debemos tratar de ir más allá e intentar reflexionar sobre el significado de la adquisición de un compromiso.

Desde el comienzo, en Bereshit, se hizo mucho hincapié en la importancia de la palabra y su poder creador y destructor (por ejemplo es mencionada por primera vez en Bereshit 1:3), pero también adquiere un nuevo significado a través de los diferentes pactos que se realizan en la Torah, por ejemplo uno de los rituales más importantes de la vida de un varón judío que es el Brit Milá (בְּרִית מִילָה) es el recuerdo del pacto establecido con Abraham (Bereshit 17:1-14), en ese pacto se le prometió una heredad abundante y una tierra que se define en la Parashat Masé. Por lo tanto sabemos ya que la palabra es un instrumento creador pero que también puede dañar y que además posee un gran valor cuando se trata de la adquisición de un compromiso pues esa palabra dada puede haber llenado de esperanza a las personas que la escucharon, ya que el ser humano en palabras de Erich Fromm puede ser definido como “HOMO ESPERANS, el que espera”. Esta es una de las cualidades que nos define y un claro ejemplo de ello es no solamente el relato de la Torah, sino también muchos aspectos de nuestra cultura como pueblo Judío (por ejemplo el concepto relativo al futurible tiempo mesiánico, etc.).

Reseñaba antes que esto fue dicho en primer lugar frente a los jefes de las tribus de Israel, eso no significa que solamente la palabra de aquellas personas que tienen puestos de alta responsabilidad o la de aquellas desde cuya posición son seguidas por mucha gente tiene repercusión cuando se habla o compromete algo. La palabra de todos y cada uno de nosotros tiene un gran valor, hay personas a nuestro alrededor y nos comprometemos con ellas en la realización de pequeñas o grandes actividades, en cierta medida sus aspiraciones y sueños se encuentran condicionados por nuestras pequeñas o grandes aportaciones y no debemos olvidarlo.

En el Sefer Mishlei encontramos múltiples referencias a la palabra, por ejemplo: “El labio de la verdad será establecido para siempre, pero la boca mentirosa es sólo por un instante” (Sefer Mishlei 12:19). Evidentemente hace referencia a la enunciación de una mentira, pero si intentamos llegar más lejos y podemos concluir que se trata de mucho más que eso. Siempre que hablamos sobre alguna persona y otras personas nos escuchan, siempre que hablamos de un grupo social y nuestros hijos nos escuchan, etc… estas palabras se están transmitiendo y ayudando a crear un prejuicio contra alguien o contra una colectividad concreta. En esos momentos deberíamos tratar de hacer nuestra la afirmación del Rabi Itzjak: “¿Cuál es la carrera que uno tiene que tener en este mundo? Aprender a quedarse mudo” (Julin 89a).

Pero no solamente la persona que emite palabra tiene responsabilidad, también cuando somos receptores de dicha acción tenemos responsabilidad, hecho que además se realza en la Parashat Mase cuando se habla sobre los testimonios ante un caso condenado con el ajusticiamiento por cometer un asesinato intencionado (Bamidbar 35:30), un solo testigo no es suficiente sino que serían necesarios siempre dos. A nuestros dirigentes se les recordó de esta forma que la justicia es justicia y no se puede ejercer de manera arbitraria. Sin embargo nuestros sabios llegan mucho más lejos y en el Talmud podemos leer: “Un Sanhedrin que condena a un hombre a muerte una vez en siete años es llamado asesino. Rabi Eleazar ben Azaria dice: O incluso si lo hace una vez cada diecisiete años. Rabi Tarfon y Rabi Akiva dicen: Si hubiésemos estado en el Sanhedrin ninguna sentencia de muerte podría haberse establecido” (Makot 1:10). Esta prudencia adicional por la que apostaron nuestros no es solamente un alegato contra la pena capital, que también, sino que nos ayuda a recordar que en nuestros “juicios” cotidianos, cuando evaluamos a las otras personas debemos ser cautelosos.

Eliyahu Peretz del Campo

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