Parashat Lej lejá (Bereshit 12:1 – 17:27)

 פרשת לך-לך     יב:א -יז: כז

Shabat Lej Lejá, 5771

El relato de la Torah que estudiábamos la pasada semana nos enumeraba en su conclusión las generaciones que transcurrieron entre Noaj y Avram (Avraham), concretamente diez generaciones el mismo número que hubo entre Adam y Noaj. En la Parashá de esta semana conocemos un poco más la historia del primero de los patriarcas, de aquel con quién fue establecido el pacto que perdura hasta nuestros días y que recordamos en muchos momentos a lo largo de nuestro ciclo vital (como por ejemplo en el Brit Milá) y durante el acontecer de cada año.

Contaba Avram con la edad de setenta y cinco años cuando abandonó su casa, la comodidad del lugar en el que había residido y se marchó tras una llamada (וַיֹּאמֶר יְהוָה אֶל-אַבְרָם, לֶךְ-לְךָ מֵאַרְצְךָ וּמִמּוֹלַדְתְּךָ וּמִבֵּית אָבִיךָ, אֶל-הָאָרֶץ, אֲשֶׁר אַרְאֶךָּ) sin conocer exactamente cuál era su destino pero con la confianza y seguridad de que eso era lo que tenía que hacer. Cuando Avram dio este primer paso, sin ser tal vez consciente de ello, comenzaba a sentar las bases del que hoy es nuestro pueblo.

La Parashá nos relata el proceso a través del que Avram pasó a ser Avraham, convirtiéndose en el primer hebreo, en el primer patriarca. Abandonó  a sus setenta  y cinco años, como ya decíamos antes, su tierra y se desplazó a Mitzraim donde ocultó la verdadera identidad de su mujer, por entonces llamada Saray, provocando una “represalia” contra el faraón y aquella tierra, es entonces cuando el propio faraón le pide que se marche y junto con Lot y sus familias abandonaron el lugar donde se encontraban. Se dirigieron entonces hacia la zona oriental y llegados a un punto sucede que los pastores de ambos señores se envuelven en una discusión y con el fin de evitar un conflicto  Avram le pregunta a Lot en qué lugar desea asentarse para así encaminarse hacia el extremo opuesto, evitando de esta forma que pueda brotar una enemistad entre ellos. En este momento Avram, el líder, indica que es preferible ceder en algunas ventajas si con ello se puede obtener la paz y una buena relación con “el vecino” (en este caso Lot). Tras algunos eventos que en esta ocasión no vamos a detallar, Avram toma a la sierva de su mujer, Agar, y con esta tiene su primer hijo: Yishmael.

Cuando cuenta con noventa y nueve años Avram pasa a ser Avraham y sella el pacto con Dios realizando el Brit Milá y junto con el todos los miembros de su casa, incluido Yishmael que contaba entonces con la edad de trece años. También Saray pasará a llamarse Sarah, la primera de las matriarcas, que jugará también un papel decisivo en el establecimiento y conformación del pueblo Hebreo. Los términos del pacto son amplios pero podríamos resumirlos en la cesión de una tierra y la proliferación del pueblo que surgiría de Avraham y su descendencia numerosa. Es en este segundo punto cuándo el patriarca oculta su cara para reírse, pues está convencido de que no podrá engendrar otro hijo a su edad ni tampoco su mujer.

Regresemos ahora al principio de la Parashá para reflexionar sobre el primer pasuk de la misma: “Y le dijo el Eterno a Avram, `Vete de tu tierra, de tu familia y de la casa de tu padre a la tierra que te señalaré´” (וַיֹּאמֶר יְהוָה אֶל-אַבְרָם, לֶךְ-לְךָ מֵאַרְצְךָ וּמִמּוֹלַדְתְּךָ וּמִבֵּית אָבִיךָ, אֶל-הָאָרֶץ, אֲשֶׁר אַרְאֶךָּ). Mucho se ha discutido sobre la significación de este fragmento y mucho nos queda por discutir, centrémonos de momento en dos palabras: “לֶךְ-לְךָ”. Con ellas comienza Dios a dirigirse por primera vez al patriarca, en un momento de su vida en el que podemos intuir que vivía con indudable comodidad y  cuando el futuro no le era incierto. Sin embargo a pesar de no tener la necesidad o deseo de romper con lo que ya conocía, le es solicitado que se marche.

Es bastante asequible la posibilidad de reconocer en esta Parashá un nuevo comienzo, pero este no es forzado por una expulsión, castigo o exilio como si lo fue en otros casos, sino que obedece a otro tipo de imperativo. Según Rashi la segunda palabra (Lejá) podría parecer superflua pero sin embargo posee un enorme contenido pues, tal y como el indica, implica que se va por sí mismo, por su propio deseo; de esta forma las primeras palabras de Dios a Avram serían para reforzar la posibilidad de que este ejerza su libre albedrío, de que tome sus propias decisiones. En una posición casi opuesta Rambam afirma que se trata en exclusiva de una fórmula gramatical, carente por lo tanto de otra intencionalidad. Sin embargo han aparecido a lo largo del tiempo otras interpretaciones que afirman que se trata de un hecho que se realizará una vez pero que no se repetirá, o bien que iba a encontrarse a sí mismo. De cualquier forma, las diferentes interpretaciones nos ofrecen elementos de análisis muy importantes que son por una parte la afirmación de que la marcha se produjo por una causa no forzosa, sin que mediase un castigo o expulsión, también que la decisión de realizar dicha acción constituyó un acto voluntario fruto de la expresión de la libertad de elección de la que somos depositarios y por último que somos un continuo en construcción, que a lo largo de los caminos que recorremos en nuestras vidas se va conformando quiénes somos: nos encontramos con nosotros mismos.

Pasamos ahora a reflexionar levemente sobre en orden en que se encuentran enumerados los elementos que Avram dejará atrás. En primer lugar su tierra, después el lugar de su nacimiento  y por último la casa de su padre. Parece que de forma lógica podríamos pensar que abandonaría estos “lugares” en el sentido inverso (la casa de su padre, el lugar en que nació y su tierra), pero sin embargo, tal y como afirma Ramban, se trata de resaltar con esto la dificultad de dejar todo y partir, del dolor que puede generar esa lejanía geográfica con la familia, el entorno social que conocemos desde nuestra infancia y en el que sabemos desenvolvernos y también del punto geográfico en que todo esto se encuentra. Ese podría ser el motivo por el cual se enumeran estos elementos en orden de dificultad ascendente.

Recuerdo en este momento las palabras del Jazan de mi Comunidad en España, quien cada semana realiza una Drashá, cuando el año pasado llegó el Shabat de Lej Lejá y habló emocionado sobre las migraciones, sobre las historias reales de las personas que llegan a unos y otros lugares, dejando atrás muchas cosas pero también con la esperanza de un futuro, con unos sueños, con un camino por recorrer,… es entonces cuando esas personas, cuando todos nosotros, nos encontramos en nuestras vidas con otros hombres y mujeres junto con los que vamos descubriendo quiénes somos y vamos “construyéndonos”, tal y como hicieron Sarah y Abrahám, respectivamente los primeros patriarca y matriarca de nuestro pueblo.

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