Parashat vaYishlaj 5774.

marzo 18, 2014

El nombre de la persona lo identifica, es la seña con la que los demás son capaces de recordarlo e incluso reconocerlo. Es por ello que nuestra tradición le ha dado gran importancia al nombre de las personas.

Dos de nuestros patriarcas y una de nuestras matriarcas tuvieron un cambio de nombre: Abraham, Sara y Yaakov. Ese cambio de nombre marca un cambio en sus vidas, por ejemplo se nos recuerda en Midrash Kohelet que con el cambio de nombre de Abraham y también con el de Sara ambos fueron capaces de tener hijos.

אברם אינו מוליד אברהם מוליד שרי אינה יולדת שרה יולדת –מדרש קהלת פרשה ה’-

Así mismo un cambio se produce en Yaakov a lo largo de nuestra Parasha. Su nombre es cambiado y no solamente en una ocasión le es anunciado sino que primero un “hombre” con el que lucha le bendice dándole su nombre (Bereshit 32, 29) y posteriormente le es recordado por D-o que desde entonces será llamado Israel (Bereshit 35, 9-10).

Rabi Shimon dice: hay tres coronas, la corona de la Tora y la corona del sacerdocio y la corona de la realeza. La corona del buen nombre está encima de todas ellas (Pirkei Avot 4, 13).

רבי שמעון אומר: שלושה כתרים הם כתר תורה וכתר כהונה וכתר מלכות וכתר שם טוב עולה על גביהן -פרקי עבות פרק ד’ משנה י”ג-

Las tres coronas de las que habla Rabi Shimon se pueden asociar a tres características o acciones. Por una parte la corona de la Tora la podemos asociar al estudio y a la sabiduría de aquellos que acumulan conocimientos que le ayudan a saber cómo ha de dirigirse con respecto a sus deseos y cualidades. La corona del sacerdocio está relacionada con el liderazgo, con las personas que están al servicio del pueblo, con la función pública. La corona de la realeza se relaciona con la integración del liderazgo con el conocimiento de la Tora; esto es se trata de llevar a la práctica lo aprendido y por lo tanto es un examen práctico.

La corona que se encuentra por encima de todas las demás es la corona del buen nombre ya que esta se obtiene cuando la persona se encuentra en la situación en que ya no necesita “adquirir” más y en la que su propio nombre, su buen nombre, pasa a ser en sí mismo una corona y esta corona puede ser adquirida en cada una de las etapas. Por ejemplo hay personas que tienen buen nombre por tener muchos conocimientos de Tora, o por estar al servicio de la sociedad de forma ejemplar o por la realización de buenas acciones.

En nuestra tradición no existe negativa al cambio de nombre de la persona a lo largo de “sus vidas” (חיים); al contrario hay personas que cambian su nombre cuando comienzan una nueva etapa de sus vidas o cuando se enfrentan o han superado una enfermedad. Este proceso de renovación, parte de la evolución personal, queda marcado por su cambio de nombre y condicionado por el mismo.

En algunas ocasiones dicho cambio de nombre puede ser percibido por los padres o por las personas del entorno como una ruptura con ellos, sin embargo también puede ser leído e interpretado como un comienzo de una vida independiente, de la emancipación y la toma de responsabilidad por la propia existencia y acciones.

¡Que todos sepamos comprar/adquirir un buen nombre!


Parashat Vayishlaj (Bereshit 32:4 – 36:43)

septiembre 23, 2011

פרשת וישלח      לב: ד-לו: מג

 5771

En la Parashá que estudiamos esta vez encontramos el regreso de Yaakov,nos topamos con el reencuentro que ha de producirse entre su hermano y él después de una larga estancia en la lejanía. La semana pasada, en el análisis de la Parashát Vayetzé, hablábamos sobre la evolución espiritual de Yaakov, sobre el salto cuantitativo y cualitativo que se produce en su interior y sobre las potenciales consecuencias de este cambio.

 

El relato del fragmento que estudiamos esta semana comienza con la preparación del encuentro. Yaakov envía mensajeros a Esav, pero al tiempo divide el campamento ante la posible eventualidad de un ataque y por último también pide a Dios ser librado de la ira de su hermano, de su posible agresión. En esta tefilá él recuerda que ha dividido el campamento para proteger a su familia, haciéndose consciente de su propia fuerza o mérito; por otra parte, la tradición afirma que Yaakov sabía que, en caso de entrar en colisión o conflicto con su hermano, tendría capacidad para derrotarlo, pero que aun así prefería una resolución pacífica. Se comporta de manera paciente y siendo consciente de su “superioridad” no desea la lucha, prefiere la vía del diálogo y el entendimiento y no una demostración de poder.

 

A partir de este instante encontramos un relato de gran importancia y que posee numerosas interpretaciones. El episodio del encuentro entre Yaakov y el “hombre” ha despertado diversas aclaraciones y posturas al respecto, sin embargo nosotros nos centraremos en esta ocasión en el comienzo cuando “Se había quedado solo Yaakov” (Bereshit 32:25). La soledad de Yaakov es comparada, en las fuentes tradicionales, con la soledad del pueblo que llevaría su nombre, tal y como se explica en Otzar haMidrashim; pero no es este el único aspecto relativo a este hecho que podemos destacar.

 

Yaakov se queda solo y en ese momento podríamos preguntarnos ¿qué es lo que hace? Tal vez el lapso transcurrido entre la marcha de su familia y la lucha con el “hombre” no le permitió llevar a cabo un número significativo de actividades, no lo sabemos con certeza, pero entre las acciones que pudo desarrollar se encontraría la observación y reflexión sobre el momento que estaba viviendo. El límite entre la soledad edificante y la “muerte en vida” cuando no estamos en compañía de los demás, se encuentra demarcado por una línea y a un lado de esta encontramos el espacio para reflexionar, explorar, conocernos y descubrir nuestras capacidades y potencialidades. Al otro lado de la línea encontramos el miedo, la falta de implicación con los demás pretendiendo vivir aislados y supuestamente protegidos.

 

El aislamiento que nos conduce a la “muerte en vida” no permite que cosechemos logros, pero disponer de periodos de reflexión y autoexploración nos puede ayudar a no caer en la frialdad, en la apatía, o en la indiferencia hacia las demás personas o hacia nosotros mismos. Yaakov resultó vigorizado tras confrontar la soledad de una forma edificante, los retos que posteriormente se le presentaron ya no constituían un obstáculo insalvable y pasó de esta forma a llamarse Israel, hecho del que ya hablaremos en otra ocasión.

 

Eliyahu Peretz del Campo


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