Parashat VaYeshev 5774.

marzo 18, 2014

Se dice que: “Todo lugar en el que hay pena dice VaYeshev- וישב-” -Midrash Tanjuma, Parashat VaYeshev 1-.

כל מקום שהוא צער אומר וישב –מדרש תנחומא, פרשת וישב א’-

Esta compleja porción de la Tora aborda la complicada relación entre Yaakov y Yosef, que se ve condicionada por la relación de Yosef con sus hermanos; al igual que la relación de Yosef con sus hermanos se ve condicionada por la relación de este con su padre. Se ha escrito mucho sobre esta enmarañada red familiar de relaciones, sobre este grupo familiar en el que las tensiones internas y externas tienen diferentes consecuencias en cada momento, tal y como vemos a lo largo del relato de la Tora, una vez más el drama está presente.

El segundo signo de que algo no termina de encajar correctamente lo encontramos en la redacción de las generaciones/historia de Yaakov:

Estas son las generaciones de Yaakov, Yosef tenía diecisiete años cuando cuidaba del ganado con sus hermanos, ayudando a los hijos de Bilha y Zilpa, mujeres de su padre. Y Yosef llevaba a su padre malos informes sobre ellos -Bereshit 37, 2-

אֵלֶּה תֹּלְדוֹת יַעֲקֹב יוֹסֵף בֶּן שְׁבַע עֶשְׂרֵה שָׁנָה הָיָה רֹעֶה אֶת אֶחָיו בַּצֹּאן וְהוּא נַעַר אֶת בְּנֵי בִלְהָה וְאֶת בְּנֵי זִלְפָּה נְשֵׁי אָבִיו וַיָּבֵא יוֹסֵף אֶת דִּבָּתָם רָעָה אֶל אֲבִיהֶם – בראשית לז ב-

Algo sucede ya que la enumeración comienza con Yosef que no es ni el hijo mayor, ni tampoco el menor de los descendientes de Yaakov. Sin embargo se nos explica inmediatamente que era el “hijo de su vejez” –Bereshit 37,3-. Rashi y el Midrash en Bereshit Raba coinciden en que la historia de ambos es muy similar; por su parte Ramban -Perush Bereshit 37,3- afirma que, según su opinión, “la costumbre de los ancianos era tomar uno de  sus hijos pequeños para estar con él y servirle y él siempre estaba a su lado y no se separaba de él y es el que se llama hijo de su vejez por ello le servía durante su vejez y tomó Yaakov a Yosef para esto y estaba con él siempre y por ello no salía con el ganado”.

והנראה בעיני כי מנהג הזקנים שיקחו אחד מבניהם הקטנים להיות עמו לשרתו והוא נשען על ידו תמיד לא יפרד ממנו והוא נקרא לו בן זקוניו בעבור שישרתו לזקוניו והנה לקח יעקב את יוסף לדבר הזה והיה עמו תמיד ועל כן לא ילך עם הצאן -פרוש רמב”ן בראשית ל”ז, ג’-

Por otra parte tenemos que no solamente tenía unas ocupaciones distintas, sino que además en sus sucesivos sueños se veía en una posición de superioridad con respecto al resto de sus hermanos (Bereshit 37, 7-8) e incluso su padre (Bereshit 37, 9-10). Es en este momento cuando Yaakov, quien según la tradición era conocedor de que ciertamente Yosef se impondría sobre sus hermanos, decide tratar de apaciguar este asunto que le preocupa:

“Y le envidiaban sus hermanos y su padre tomó en cuenta el asunto” –Bereshit 37, 11-

וַיְקַנְאוּ בוֹ אֶחָיו וְאָבִיו שָׁמַר אֶת הַדָּבָר –בראשית ל”ז, י”א-

Es entonces enviado Yosef a visitar a sus hermanos y tras la terrible forma de actuar de los mismos podemos intuir que la intervención de Yaakov tal vez fue demasiado tardía, sin embargo nunca sabemos qué sucederá en el futuro, o el motivo por el que las cosas suceden, y Yosef madurará en su exilio y se convertirá en el digno sucesor que habrá de recibir doble herencia y dos tribus saldrán de él: Efraím y Menase.

Antes de que llegue ese día Yosef es vendido a Putifar, vive experiencias diversas en Mitzraim y, entre otras cosas, se casa con Osnat. En Pirkei Divrei Eliezer (38) se nos explica que ella era la hija de Dina, resultado de la violación que sufrió por Sejem el hijo de Jamor, y que fue adoptada por Putifara quien era un sacerdote en Mitzraim.

El mundo judío, o el hebreo en aquella época, es un mundo pequeño. Es por ello que debemos poner gran atención a nuestras acciones y sus repercusiones, a las sensibilidades y susceptibilidades de los otros así como a sus percepciones. Tal vez este fue el error de juventud de Yosef, quien por su inexperiencia no pudo alcanzar a ver las posibles consecuencias de sus palabras y acciones. Sin embargo todo esto formó parte de su proceso de maduración personal y, por lo tanto, de la evolución de nuestro pueblo, conduciéndole a un nivel de madurez superior que le permitió encontrar su lugar.


Parashat Vayeshev (Bereshit 37:1 – 40:23)

septiembre 23, 2011

פרשת וישב      לז:א-מ: כג

 5771

La primera idea que nos ofrece la Torah en la Parashat Vayeshev se refiere al regreso de Yaakov tras huir de Esav durante años, después de ser engañado por su suegro y de haber vivido otras situaciones conflictivas. Tras tantas emociones Yaakov retorna y se “sienta” (יֵּשֶׁב) buscando la lógica calma y serenidad que debería ansiar. Sin embargo esta tranquilidad tan anhelada no es conseguida. Existen innegables paralelismos entre el sipur de Yijtzak y el de su hijo Yaakov. Podemos reseñar, por ejemplo, que en ambos casos sufrieron por la animadversión existente entre sus hijos y también que ambos permanecieron alejados de uno de sus hijos durante un largo periodo de tiempo. Todo esto evidentemente debió generar un intenso dolor y sufrimientos indescriptibles.

 

En algún momento todos nos hemos preguntado el motivo por el cual una persona justa, una buena persona, ha de sufrir situaciones como la que se nos relata en esta ocasión. Cómo podemos explicar o justificar que Yaakov padezca tantos dramas y que mientras tanto también crezca espiritualmente. Cualquier situación a la que nos exponemos a lo largo de nuestras vidas y que supone un desafío nos ayuda a madurar, pero nos gustaría poder hacerlo sin necesidad de exponernos a estas experiencias dolorosas y elevarnos sin tener que superar este tipo de pruebas.

 

En el midrash encontramos, referido a Noaj, que “El prueba los justos”, “El no prueba a los malvados, pues estos no podrían resistir, sin embargo solamente prueba a los justos” (Bereshit Rabá 32). Es evidente que sin las dificultades a las que nos enfrentamos a lo largo de nuestras vidas no tendríamos la oportunidad de aprender y experimentar el crecimiento personal derivado de estas, pero también es posible que una vez superadas algunas de dichas situaciones no seamos capaces de extraer las conclusiones oportunas o que no podamos aplicarlas en nuestra vida cotidiana. Este es el verdadero reto y no la superación de la situación en sí misma.

 

Tal vez en el momento en que Yaakov se “sienta”, podría haber comenzado a ser el beneficiario de una vida plácida y cómoda, sin sobresaltos. Sin embargo esto es poco posible, pues a lo largo de la existencia de cualquier persona siempre aparecen escenarios complicados, con diferentes niveles de dificultad asociados. En nuestra mano se encuentra la capacidad de aprovechar dichas oportunidades y de extraer alguna enseñanza positiva de aquello que hemos vivido. Podemos elegir entre congelarnos o inmovilizarnos ante las circunstancias inesperadamente desagradables o bien evolucionar y avanzar en busca de la justicia y la verdad.

 

Eliyahu Peretz del Campo


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