Parashat Bereshit (Bereshit 1-6:8)

פרשת בראשית            בראשית א-ו,ח

שבת בראשית תשע”ב

Comenzamos de nuevo nuestra lectura anual de la Torah con Bereshit. De esta forma el tiempo, desde la perspectiva del Judaísmo, se configura como la combinación de una secuencia en línea, a lo largo de la cual se disponen los tiempos pasados, y una secuencia circular, que alberga nuestro ciclo anual de estudio, etc. Ambas figuras se relacionan con el tiempo, como realidad lineal y circular a la vez, ayudándonos también a comprender que resulta compatible leer nuevamente nuestros textos y “avanzar” en y sobre ellos, tanto en su profundización como en su interpretación contextualizada.

Nos posicionamos una vez más frente al texto de la creación del mundo (בריאת העולם). Así mismo leemos de nuevo sobre la creación de la humanidad (בריאת האדם) y nos enfrentamos a dos segmentos que a todas luces resultan problemáticos en su comprensión e interpretación y que incluso, en ocasiones, parecen contradecirse. Me refiero, evidentemente, a los capítulos primero y segundo de Bereshit. Dejaremos de lado de momento la discusión sobre los orígenes del texto, que lejos de deslegitimarlo no hacen más que poner en valor su realidad integradora y espíritu constructor. Nos centraremos en ideas que si bien hoy podemos percibir como evidentes, nos ayudarían, en el caso de que fuésemos capaces de profundizar en ellas y tenerlas presentes cotidianamente, a germinar un cambio sustancial en nuestras realidades personales y en el mundo en que nos encontramos.

A lo largo del relato nos encontramos frente a un Dios que comienza su obra creadora y del que podemos llegar a tener la impresión de que posee una presencia similar a la de los Seres Humanos. Contra esta posible interpretación nos alerta el propio Maimónides cuando nos dice: “…Dios no es un cuerpo…” (Rambam, Yesodei haTorah 1,8) y reafirma esta idea diciéndonos que cuando encontramos en la Torah expresiones en las que se habla de los pies, ojos u oídos de Dios, “…todas estas expresiones se ajustan al conocimiento de las personas, que no conocen sino los cuerpos, hablando la Torah en lenguaje humano…” (Rambam, Yesodei haTorah 1,9). Por lo tanto todos los textos que leeremos en este nuevo ciclo deberemos abordarlos desde nuestra propia perspectiva, la de la existencia humana, y nuestro esfuerzo habrá de centrarse en aplicarlos a nuestras vivencias cotidianas.

Escapan de nuestra comprensión los motivos de muchas de las ideas y expresiones empleadas. Grupos de estudiosos, algunos de ellos místicos, han tratado de definir y de buscar una lógica al orden y sucesión de los eventos. Por citar un ejemplo podríamos habar de Moshé de León, Rabino al que se atribuye la posible autoría del Zohar y que vivió entre los años 1250 y 1305 de la era común. En su libro Seder Gan Eden intenta abordar una descripción detallada de este, relacionándolo además con el mundo por venir y otros conceptos. Con respecto a muchas de sus afirmaciones podemos sentirnos confundidos, como cuando, por ejemplo, asevera: “El Gan Eden es anterior a la creación del mundo, todos los elementos dispuestos en el, sus plantas, el firmamento que lo cubre por lo alto y el suelo en su parte inferior. Después de trescientos sesenta y un años, tres horas y dos instantes, fueron creados los cielos y la tierra” (Moshé de León, Seder Gan Eden 2,3). Nos encontramos en esta situación ante la posibilidad de comenzar a teorizar y buscar datos, razones, etc… a un hecho que se nos presenta como una realidad indiscutible (en Seder Moed, Pesajim 54,a se nos ofrece una enumeración de las siete cosas que fueron creadas antes que el mundo), sin embargo dicha búsqueda resultaría un ejercicio trivial si no tratamos de encontrar algún tipo de relación con nuestra existencia diaria. Por supuesto que los estudiosos de estas materias encuentran el camino para aplicar estos conocimientos en nuestras vidas, aportándonos una fuente valiosísima de saber.

En nuestra Parashá de la semana el relato referente al Gan Eden ocupa un espacio central, llamando nuestra atención poderosamente, aunque otros muchos asuntos son tratados en esta. Encontramos, según el Sefer HaJinuj, una sola Mitzvá en nuestra porción. Se trata de la Mitzvá de desarrollarse y proliferar (Bereshit 1:28). El objetivo de esta orden se explicita también, “llenad la tierra” (Bereshit 1:28), no había otras personas en el mundo y no debería mantenerse como un sitio solitario. Esta idea de la lucha contra la soledad es un concepto que acompaña a las personas durante toda su existencia, en especial en nuestros tiempos cuando paradójicamente nos encontramos mucho más “conectados”; sin embargo hay quienes afirman que la calidad real de dichas conexiones ha caído en picado con respecto a otras generaciones y también que algunas personas que en otros contextos históricos no estarían solas, en nuestro mundo de la comunicación y la información se encuentran totalmente aisladas. Tal vez nos encontramos en un momento en el que se está produciendo un ajuste a las nuevas condiciones del mundo, a sus nuevos modelos de relación.

En otro punto se realiza una referencia explícita a la soledad, justo antes de la creación de los dos géneros a partir de la primera persona podemos leer: “no es bueno que la persona -אדם- este sola” (Bereshit 2:18). Es posible que la soledad habite entre quienes se encuentran apartados de nuestras sociedades, los que se encuentran alejados de sus seres amados, ya sea voluntariamente o por la fuerza, e incluso entre quienes encontrándose aparentemente acompañados se encuentran solos. Nuestra Parashá no nos ofrece, al menos de forma eplícita, fórmulas universales para combatir este mal social, pero a lo largo de toda la Torah, por supuesto también en esta primera porción, se nos revelan herramientas que nos ayudan a incrementar la calidad de nuestras relaciones personales pues, a fin de cuentas, somos seres sociales.

לֹא-טוֹב הֱיוֹת הָאָדָם לְבַדּוֹ                             בראשית ב-יח

Eliyahu Peretz del Campo

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